Off the Record: Trump y su ego herido

0
9

Fíjense ustedes lo que se armó en las redes apenas se anunció que el Premio Nobel de la Paz 2026 se lo llevaron a Navanethem “Navi” Pillay, la jueza sudafricana de 85 años. Donald Trump no aguantó y soltó un mensaje larguísimo en Truth Social, más de seiscientas palabras, y lo repitió en un mitin. Dijo que la ganadora es una desconocida, que “nadie ha oído hablar de ella” salvo porque “odia a Israel”, y que él se merecía el premio porque “resolví ocho guerras” y “detuve la destrucción total del mundo”. Hasta aseguró que nunca ha habido nadie en la historia del Nobel que lo merezca más.

En las redes el comentario se repartió como pan caliente. Hay quienes celebran que por fin le dijeron que no y se burlan del berrinche: “El ego de Trump no cabe en el planeta”, escribió un usuario. Otros, más duros, lo llaman “meltdown de vanidad” y recuerdan que periodistas como Daniel Dale de CNN ya verificaron varias veces que eso de las ocho guerras no cuadra: algunas nunca fueron guerras, otras no terminaron y de otras el propio gobierno de India negó que él hubiera mediado. Versiones que circulan, unas confirmadas por chequeos de hechos y otras que se quedan en el terreno del rumor o del comentario de café digital.

Pillay, por su parte, cuando se enteró del premio en Núremberg, soltó una frase que también dio la vuelta: “Si aplauden un poco más, tal vez comparta este premio con Trump”. La ironía no pasó desapercibida. En X y otras plataformas la gente compartió el video y escribió cosas del estilo “ella se ríe y él se deshace”. Hay quienes ven en la reacción de Trump algo más profundo que un simple coraje: un presidente que necesita el reconocimiento externo como oxígeno, que convierte cada rechazo en una ofensa personal y que usa el premio como termómetro de su grandeza.

Entre los comentarios que se leen por ahí hay de todo. Unos dicen que el Nobel se convirtió en un espejo donde Trump se mira y no se gusta. Otros sospechan que la decisión del comité fue un mensaje velado contra los ataques a la Corte Penal Internacional, que el propio gobierno estadounidense acaba de sancionar con más fuerza. Hay versiones no confirmadas que aseguran que dentro del equipo de Trump ya se discute cómo responder con más presión a Noruega o a las instituciones internacionales. Nada oficial, solo lo que se comenta en hilos y grupos.

-Publicidad-

Lo que sí queda claro en el espacio digital es que el episodio expuso una herida vieja. Trump lleva años reclamando el Nobel como si fuera un derecho adquirido. Que se lo hayan dado a una jueza que dedicó su vida a la justicia internacional y a denunciar crímenes de guerra le resultó intolerable. En redes se habla de ego, de vanidad, de necesidad de validación. Y la verdad es que, viendo el tono del mensaje y la insistencia en que “nunca nadie lo mereció más”, decir que es solo ego se queda corto. Parece un reclamo de protagonismo absoluto, como si la paz del mundo dependiera de que le pongan una medalla.

Mientras tanto, Pillay dedicó el premio a los sobrevivientes de crímenes internacionales. Trump, a su propia lista de logros. Y las redes siguen discutiendo quién tiene más derecho a sentirse agraviado.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí