En las redes sociales anda circulando un relajo tremendo con Gabriela Jiménez, la diputada federal de Morena que antes andaba en las filas del PAN. Versiones que corren por todos lados, algunas confirmadas por videos virales y otras puras sospechas de usuarios, pintan un panorama donde la morenista intenta ser «más papista que el Papa» para caerle bien a sus nuevos compañeros, pero el tiro le sale por la culata.
El chisme explotó el domingo 11 de enero en Azcapotzalco, durante una asamblea en defensa de la soberanía –justo cuando el tema caliente era las presiones de Estados Unidos–. Lo que debía ser un evento de unidad terminó en abucheos masivos contra Gabriela. Videos compartidos en Instagram, Facebook y X muestran a la gente gritando «¡panista vendida!», «¡fuera!», «¡traidora!» y hasta «¡panista!». Algunos la acusan de ausentarse de reuniones vecinales y de no atender demandas de servicios básicos. La diputada no pudo ni terminar su discurso; la sacaron escoltada por policías, según posts en X de @politicomx y @EnBogaMx. En un reel de Instagram, hasta la comparan con Judas: «¡Ni Judas se atrevió a tanto!».
Gabriela salió al quite en sus redes y en comunicados: dice que fueron «agresiones orquestadas» por funcionarios de la alcaldía, apunta directamente a la alcaldesa Nancy Núñez como responsable (que es de Morena), y hasta denuncia violencia política de género. Afirma que hará las denuncias correspondientes y que hace responsable a quien sea si algo le pasa a ella o a su familia. Pero en comentarios de usuarios en Facebook y X, muchos militantes guindas no compran su versión. Hay quien dice: «Qué bueno que se resquebrajen y se acabe Morena», o «Ni entre ellos mismos se soportan». Otros la defienden, como una amiga que posteó respaldo total: «La descalificación y el abucheo no son debate político», y resalta que Gabriela ha trabajado en territorio y defendido causas con convicción.
El fondo del asunto, según lo que se comenta en redes, es que su pasado panista pesa como plomo. Hay trascendidos de que en Morena la ven con malos ojos desde hace rato –ligas con Calderón y Anaya, huachicol fiscal, hasta intentos de formar un partido paralelo como «Que siga la democracia»–. Usuarios en X la llaman «expanista» que se pasó de lanza para ser aceptada, pero la base radical no la traga. En la Cámara de Diputados también ha habido roces, como el pleito por el lugar junto a García Harfuch o el carpetazo a desafuero de Cuauhtémoc Blanco, donde se posicionó y le llovieron críticas internas.
Rumores y suposiciones aparte, lo que sí está claro en los videos y posts es que la polarización extrema para «probar lealtad» puede volverse un bumerán. En Morena, que presume unidad y transformación, estos episodios muestran grietas: unos la ven como oportunista que no encaja, otros como víctima de linchamientos internos. Mientras, en la calle y en redes, el rechazo sigue circulando. ¿Se arreglará o esto es solo el principio de más pleitos guindas? El tiempo dirá, pero por ahora, el chisme no para.






































