La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró recientemente a los miembros de Morena que «el poder es humildad», en medio de una serie de controversias que involucran a figuras del partido con exhibiciones de riqueza. Esta declaración, emitida durante una conferencia de prensa, surge como respuesta a incidentes que cuestionan los principios de austeridad promovidos por la Cuarta Transformación. Sheinbaum enfatizó que los funcionarios deben servir al pueblo con honestidad y vivir en la justa medianía, y subrayó que, si existe algún delito, las autoridades competentes deben investigarlo sin distinciones partidistas.
El contexto se remonta a la detención temporal de la diputada local de Morena en Baja California, Alejandra Ang Hernández, quien fue retenida por autoridades estadounidenses en la garita de Calexico al intentar cruzar la frontera con 40 mil dólares en efectivo no declarados, equivalentes a unos 800 mil pesos. Aunque fue liberada sin cargos penales, el dinero quedó confiscado temporalmente, lo que generó interrogantes sobre el origen de los fondos y la necesidad de transparencia en las finanzas de los representantes públicos. Ang Hernández argumentó que el efectivo provenía de actividades legítimas, pero el incidente alimentó acusaciones de inconsistencia con el discurso oficial de modestia.
Paralelamente, el senador morenista Gino Segura fue criticado en redes sociales por aparecer en fotografías usando zapatos de la marca Zegna, modelo triple stitch, valuados en 33 mil 350 pesos. Defensores del legislador sostienen que sus adquisiciones personales no violan normas éticas y que su trayectoria incluye donaciones salariales, pero opositores lo ven como un símbolo de hipocresía, especialmente cuando Segura ha defendido públicamente la austeridad republicana.
Otro caso involucra a Guillermo «Memo» Herrera, aspirante a una candidatura por Morena en Veracruz, quien presumió en publicaciones un reloj Richard Mille estimado en cerca de 10 millones de pesos y un Porsche 911 GT3 valorado en alrededor de 4 millones. Herrera rechazó las críticas, alegando que sus bienes son fruto de esfuerzos previos a su incursión política, pero el episodio intensificó el debate sobre la selección de candidatos y la coherencia ideológica del partido.
Desde la perspectiva gubernamental, estos eventos se enmarcan en un llamado a la responsabilidad individual, con Sheinbaum insistiendo en que Morena no tolerará excesos y que la Unidad de Inteligencia Financiera podría intervenir si se detectan irregularidades. Simpatizantes del movimiento argumentan que estos casos aislados no representan al conjunto y que el énfasis en la humildad fortalece la transformación, contrastando con administraciones pasadas plagadas de corrupción sistémica.
Por el contrario, la oposición, incluyendo voces del PAN y PRI, califica estos incidentes como evidencia de doble moral, exigiendo investigaciones independientes y disculpas públicas. Analistas independientes señalan que tales escándalos erosionan la credibilidad de Morena, especialmente en un contexto de presiones económicas donde la desigualdad persiste. El Partido Acción Nacional ha demandado que la presidenta se deslinde explícitamente, argumentando que la retórica de austeridad choca con la realidad de algunos cuadros.
Esta controversia invita a reflexionar sobre la efectividad de los mecanismos de control interno en Morena y el impacto en la percepción pública. Mientras el gobierno promueve justicia social, los críticos ven en estos lujos un retroceso a prácticas elitistas. El debate subraya la tensión entre ideales transformadores y conductas personales, potencialmente influyendo en la cohesión partidista y la confianza ciudadana de cara a futuros procesos electorales. En última instancia, el manejo de estos casos podría definir el legado de humildad que Sheinbaum busca consolidar.




































