Una paradoja recorre buena parte de la conversación pública mexicana: algunos indicadores mejoran, pero poco sabemos sobre qué hay detrás de esos avances y, más importante aún: si pueden sostenerse.
Por ejemplo, en materia de seguridad pública, los homicidios disminuyen, aunque la evidencia disponible no permite explicar esa caída. Sobre todo, no se puede atribuir a los operativos federales. Esto es particularmente delicado en un contexto donde precisamente los dos registros oficiales de homicidios presentan discrepancias importantes. La intención no es desestimar los logros, sino señalar la importancia de transparentar los datos como punto de partida para mejorar las políticas de Estado.
Las finanzas públicas plantean una paradoja similar. Los ingresos y el déficit muestran una leve mejoría, pero el balance tradicional se deteriora y la deuda sigue elevada. El próximo Paquete Económico 2027 tendrá que abordar esa tensión, lo que exige abrir una conversación más amplia sobre los ingresos públicos.
Quizá el desafío sea precisamente pasar de celebrar o cuestionar indicadores aislados a construir políticas capaces de explicar sus resultados, medirlos y sostenerlos.









