La Soberanía que Sheinbaum Aplica Selectivamente

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La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró desde Culiacán que «la injerencia no resuelve los problemas, la injerencia provoca violencia», en un discurso pronunciado en el marco de su Segundo Informe de Gobierno y en el contexto de los señalamientos de Estados Unidos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos nexos con el narcotráfico. La frase, pensada como defensa de la soberanía nacional frente a Washington, abre sin embargo una serie de contradicciones que merecen escrutinio: la doctrina de no intervención que México invoca hacia fuera no siempre se aplica hacia dentro, ni resulta consistente con las alianzas que el propio gobierno mexicano cultiva.

El Doble Rasero del Espionaje

Mientras la Presidencia denuncia la intromisión estadounidense, la presencia de inteligencia rusa en territorio mexicano ha sido documentada durante años sin que provoque una respuesta equivalente. Un informe del Departamento de Estado difundido en julio señaló que «la presencia de espías rusos de alto nivel en México, haciéndose pasar por diplomáticos para reunir inteligencia de los Estados Unidos, ha sido causante de tensión diplomática entre Estados Unidos y México en años recientes». El propio general Glen VanHerck advirtió ante el Congreso que el Directorio Principal de Inteligencia de Rusia (GRU) tenía en México su mayor plataforma de operaciones a nivel mundial. La Cancillería mexicana recibió desde 2020 una lista con más de 24 presuntos agentes acreditados como diplomáticos, sin que derivara en expulsiones masivas. Más recientemente, el periodista Raymundo Riva Palacio alertó sobre un equipo de ejecuciones vinculado a la inteligencia rusa que estaría operando en México, luego de que el Departamento de Justicia estadounidense desclasificara una acusación contra integrantes de la llamada RIS Network. Sheinbaum minimizó el asunto y lo redujo a un procedimiento administrativo de acreditación. La pregunta incómoda es evidente: si la injerencia extranjera preocupa tanto al gobierno mexicano, ¿por qué la tolerancia hacia la presencia rusa ha sido sistemáticamente menor que la indignación hacia la estadounidense?

Morena, entre la Lealtad y la Fuga

El planteamiento original de que existirían «células de Morena» operando activamente contra la presidencia de Trump no corresponde con lo documentado hasta ahora. La evidencia periodística apunta, de hecho, en sentido inverso: según una investigación del New York Times, al menos una decena de funcionarios mexicanos, entre ellos gobernadores y legisladores, muchos de Morena, se han acercado discretamente a autoridades estadounidenses para compartir información sobre otros integrantes del partido, en un intento por anticiparse a investigaciones por presuntos vínculos con el crimen organizado. Es decir, no se trata de una resistencia orgánica contra Washington, sino de fisuras internas que la propia estrategia estadounidense ha explotado deliberadamente. La dirigencia morenista calificó la revelación como una «narrativa de la ultraderecha nacional e internacional», pero el patrón de deserciones sugiere que el verdadero riesgo para el movimiento no es la injerencia externa, sino su propia cohesión interna ante la presión judicial.

Cuba, Sí; Venezuela, No

El contraste se agudiza en política exterior hacia Cuba. Tras el colapso del suministro venezolano, México se convirtió en el principal proveedor petrolero de la isla, con envíos que representan más del 44% de todo el petróleo que importa Cuba, mientras Sheinbaum defendió la política como una decisión soberana y humanitaria. La misma retórica de autodeterminación que México invoca para rechazar presiones de Washington se convierte, en este caso, en una defensa activa de un régimen que buena parte de la comunidad internacional considera autoritario. La coherencia doctrinal se resquebraja: la no intervención se predica hacia adentro, pero se abandona hacia afuera cuando conviene a la afinidad ideológica.

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Vecinos Distantes, Relaciones a Medias

En cuanto a las relaciones con Sudamérica, conviene precisar el estado actual: la ruptura con Perú, motivada por el respaldo mexicano al expresidente Pedro Castillo, quedó superada en agosto pasado tras la llegada a México de la exprimer ministra Betssy Chávez, cuando Sheinbaum celebró la reconciliación y subrayó que México busca mantener relaciones diplomáticas «más allá de la orientación política de los gobiernos». El vínculo con Ecuador, en cambio, permanece roto desde el asalto a la embajada mexicana en Quito en 2024. Sheinbaum ha insistido en que fue Ecuador quien rompió la relación al invadir una sede diplomática, un argumento jurídicamente sólido, pero que no despeja las críticas de gobiernos y analistas regionales que acusan a México de tomar partido sistemático en disputas internas ajenas, ya sea otorgando asilo a figuras políticas en conflicto con sus propios sistemas judiciales, ya sea pronunciándose sobre procesos penales de otros países.

La sustancia del argumento presidencial —que ninguna potencia debe decidir el destino de otra nación— es defendible como principio general. El problema no es el principio, sino su aplicación asimétrica: rechazada cuando la ejerce Washington, tolerada cuando la practica Moscú, invocada selectivamente cuando conviene a Cuba, y descartada cuando el propio México toma posición en los asuntos internos de Lima o Quito. ¿Puede sostenerse una doctrina de no intervención cuando se invoca únicamente frente al vecino más poderoso y se suspende frente a todos los demás?

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