Heroin wars

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Carlos Marx erró en las conclusiones apocalípticas de su teoría de la acumulación infinita del capital, pues pasó por alto el equilibrio que generan el avance tecnológico y la productividad, mismos que atenúan o retardan las contradicciones del capitalismo.

En lo que no se equivocó el filósofo es en que la superestructura social no existe de manera independiente de la base material, es decir, de las condiciones económicas en las que vive cada sociedad, de los medios y las fuerzas productivas.

El narcotráfico es un negocio, aunque sea de naturaleza ilegal. Por tanto, era una ilusión pensar que la despenalización de la mariguana —que avanza paulatina, pero sostenidamente en Estados Unidos— acabaría por ahorcar financieramente a los cárteles de la droga, pues los dejaría sin el flujo de caja que representa el cannabis.

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La superestructura determina la estructura, incluso en los gustos y decisiones de los consumidores. Si los usuarios estadunidenses están optando de manera creciente por la heroína es porque los narcotraficantes tenían que compensar la pérdida de decenas de millones de dólares que ha representado la competencia de los productores de mariguana en aquel país.

Sin restricciones legales, sin temer a redadas o campañas de erradicación, esos productores han podido desarrollar una mariguana de mayor calidad a la que crece en las montañas de México.

El cultivo de invernadero que ha florecido en una veintena de estados de la Unión Americana ha desplazado a la mariguana mexicana en el gusto de los consumidores estadunidenses. Eso ha llevado a la caída de 37% en los aseguramientos de esa droga en la frontera con México desde 2011.

¿A qué ha conducido esa competencia? A que los cárteles mexicanos cambien la mariguana por la amapola e inunden el mercado estadunidense con heroína y también con metanfetamina.

Además de ser más fácil de manejar, la heroína genera una ganancia mucho mayor. Un kilo de esa droga puede valer entre 80 mil y 130 mil dólares en las calles de Estados Unidos, mientras que la misma cantidad de mariguana, incluso de la mejor calidad, difícilmente sobrepasa los 12 mil dólares.

México tiene, además, la ventaja sobre otras regiones productoras de amapola, como Asia Central e Indochina, de la proximidad con Estados Unidos.

Y, por si fuera poco, la nueva abundancia de heroína y metanfetamina ha encontrado su lugar entre los consumidores de analgésicos opioides.

Durante años, los estadunidenses han abusado de esas drogas legales. El consumo de analgésicos opioides como la oxicodona creció dramáticamente entre 1991 y 2011: pasó de 76 millones de prescripciones anuales a 219 millones en ese lapso.

Como ocurrió en su tiempo con la industria tabacalera, los estadunidenses han tenido la impresión de que esos medicamentos para el dolor son inocuos y no generan adicción, pero eso es porque muchos de los estudios que llegan a dicha conclusión han sido financiados por los mismos fabricantes.

La creciente adicción a los analgésicos opioides ha permitido que la heroína penetre en los hogares de los consumidores, porque ofrece un efecto parecido por la décima parte del precio.

Además, a diferencia de otras épocas en las que la heroína ha sido una droga popular, estos nuevos consumidores tienen mayor edad y capacidad económica que los de antes. Hablamos de entre cinco y seis millones de estadunidenses que gastan entre 100 y 500 dólares a la semana en drogas.

Más de 120 años después de que fue sintetizada por el químico alemán Heinrich Dreser, jefe del laboratorio de farmacología de Bayer, la heroína ha vuelto a entrar con fuerza en el mercado estadunidense.

El martes, William Brownfield, subsecretario para Asuntos Antinarcóticos y de Procuración de Justicia del Departamento de Estado, dijo en una teleconferencia desde Washington que el consumo de heroína en Estados Unidos creció 65% en los últimos años, y que la mayor parte de esa sustancia es surtida por cárteles mexicanos. “Crisis es la palabra para hablar de la situación que ya tenemos”, afirmó.

Para los agricultores mexicanos de la sierra, el cambio ya ha implicado más dinero en su bolsillo.

Mientras sólo recibían unos 250 pesos por un kilo de mariguana seca y prensada, ahora obtienen 13 mil pesos por kilo de pasta de opio, de acuerdo con un reportaje reciente de la agencia AP.

Es simple economía.


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