Al cierre de 2025, el mercado de combustibles en México presenta un panorama de contrastes que define el bolsillo de los ciudadanos y el arranque del segundo año de administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. Mientras la gasolina Magna —la de mayor consumo en el país— registró un ligero descenso anual, el combustible Premium y el diésel mantienen una tendencia al alza, consolidando un nuevo «piso» de precios históricamente elevados para los consumidores mexicanos.
De acuerdo con el reporte más reciente de TResearch, el precio promedio nacional de la gasolina Magna se ubicó en $23.6 por litro en diciembre de 2025. Esta cifra representa una disminución del 1.5% en comparación con el mismo mes de 2024. Pese a esta baja marginal, los especialistas advierten que el costo se mantiene lejos de los niveles previos a los choques inflacionarios de años anteriores, estableciendo una estabilidad relativa pero en un rango alto para la economía familiar.
En contraste, quienes utilizan gasolina de alto octanaje o vehículos de carga enfrentan costos superiores. La gasolina Premium cerró el año con un promedio de $25.8 por litro, mientras que el diésel alcanzó los $26.4 por litro. Ambos combustibles mostraron variaciones anuales positivas, lo que significa que el costo para transportistas y usuarios de vehículos de gama alta sigue encareciéndose.
Un dato relevante para el análisis político es el promedio registrado durante el actual sexenio. Hasta diciembre de 2025, la gasolina Magna ha promediado $23.7 por litro bajo la gestión de Claudia Sheinbaum. Esta cifra es vista por analistas como un indicador de la resistencia de los precios a bajar, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por controlar la inflación energética.
La geografía del consumo también revela desigualdades marcadas. Los estados de Quintana Roo, Baja California Sur y Nayarit se posicionaron como las entidades con los precios más altos del país, superando los $24.2 por litro en el caso de la Magna. En el extremo opuesto, Tamaulipas y Chihuahua continúan ofreciendo los precios más bajos, debido en gran medida a los estímulos fiscales vigentes en la zona fronteriza.
Para el ciudadano promedio, la estabilidad en el precio de la Magna es un respiro, pero la tendencia al alza en el diésel preocupa por su potencial impacto en el costo del transporte de mercancías y, por ende, en el precio final de los alimentos. El 2026 inicia con el desafío de mantener estos niveles sin que factores externos vuelvan a disparar el costo del recurso más vital para la movilidad en México.





































