¡Ay, nanita! En el circo de la política mexicana, donde los payasos cambian de disfraz más rápido que un camaleón en crisis de identidad, Morena Durango nos regala un chisme de antología. Publicaron en X un mensajito inocente: «Se confirmó que la eliminación del fuero constitucional para diputados y senadores formará parte de la reforma electoral que impulsará la presidenta Claudia Sheinbaum». Suena bien, ¿no? Quitarle el escudo de impunidad a los legisladores, para que respondan como cualquier mortal ante la ley. Pero, ¡zas!, la imagen que acompaña es nada menos que la de Marcelo Ebrard, el secretario de Economía, con cara de «yo qué hice».
¿Coincidencia? Ja, en política no hay casualidades, solo casualidades bien planeadas. ¿Será fuego amigo dentro de Morena? Recordemos que Ebrard, con su trayectoria de peso –ex jefe de Gobierno, ex canciller, y ahora manejando la economía como si fuera un malabarista en bicicleta–, ha sido mencionado como posible aspirante a cargos mayores. Pero en un partido donde las lealtades se miden con regla de albañil, poner su foto junto a un anuncio sobre eliminar fuero huele a indirecta. ¿Le saben algo al buen Marcelo? Rumores hay como pulgas en perro callejero: desde sus alianzas pasadas hasta especulaciones sobre su futuro político. Él, siempre pulcro y diplomático, no ha dicho ni pío, pero el silencio a veces grita más fuerte.

La reforma electoral, esa que Sheinbaum impulsa para recortar plurinominales, bajar presupuestos y fortalecer el INE –según prometen–, busca limpiar el patio de corruptelas. Eliminar el fuero es un golazo popular, pero usarlo como dardo contra un compañero de bancada genera risas nerviosas. ¿Traición interna? ¿Error de community manager con resaca? O tal vez un recordatorio sutil: en Morena, nadie está blindado. Ebrard, con respeto, ha sido un servidor público intachable en muchas batallas, pero en este ring, hasta los aliados te pegan abajo del cinturón.
Esto invita a reflexionar: ¿la unidad en Morena es real o solo un meme? Mientras, los ciudadanos nos rascamos la cabeza, esperando que las reformas sirvan para algo más que chismes. ¡Órale, políticos, pónganse las pilas y dejen el show para Netflix!






































