La transición energética en México ha dejado de ser una promesa de campaña para convertirse en una realidad de mercado. Al cierre del primer bimestre de 2026, la venta de vehículos híbridos y eléctricos en el país alcanzó las 27,521 unidades, consolidando una tendencia imparable que refleja un cambio profundo en los hábitos de consumo de los mexicanos y en las prioridades de la industria automotriz nacional.
Este crecimiento no es fortuito. Si echamos la vista atrás, el salto es abismal: en apenas una década, el mercado pasó de vender poco más de 8,000 unidades en 2016 a cerrar el 2025 con una cifra récord de 146,123 vehículos comercializados. Esta expansión acelerada ha llevado a que, hoy en día, estas tecnologías representen el 11% del total de vehículos vendidos en México, un contraste drástico frente al marginal 0.5% que registraban hace diez años.
La geografía de la electromovilidad
Aunque el avance es nacional, los datos revelan una marcada concentración geográfica que pone de manifiesto las disparidades en infraestructura y poder adquisitivo entre las regiones. Ciudad de México, el Estado de México y Nuevo León se mantienen como los epicentros de esta revolución tecnológica, concentrando el 49% de las ventas totales en lo que va del actual sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
En este periodo gubernamental, ya se han contabilizado 212,181 vehículos de este tipo entregados a clientes, lo que sugiere que las políticas de movilidad sustentable y la mayor oferta de marcas —especialmente las nuevas competidoras asiáticas— están rindiendo frutos. Mientras que la capital del país lidera cómodamente, estados como Aguascalientes, Morelos e Hidalgo comienzan a asomar en la lista con volúmenes que, aunque menores, muestran que el interés por dejar atrás la gasolina se está permeando hacia el centro y bajío del país.
¿Hacia dónde va el mercado?
A pesar del optimismo que generan las cifras, el reto para el resto del sexenio será la democratización de estos vehículos. La dependencia de tres entidades federativas para sostener casi la mitad del mercado indica que aún falta un largo camino por recorrer en términos de estaciones de carga y estímulos fiscales en el sureste y las zonas rurales.
No obstante, la variación anual en las ventas sigue mostrando números positivos de doble dígito, confirmando que el consumidor mexicano valora cada vez más el ahorro a largo plazo en combustible y la reducción de emisiones contaminantes. La meta de una movilidad limpia parece estar más cerca que nunca, impulsada por un sector privado que ha sabido leer la urgencia climática y un contexto político que, al menos en las cifras de ventas, parece acompañar la transición.
La pregunta que queda en el aire es si la infraestructura eléctrica del país podrá crecer al mismo ritmo vertiginoso que la demanda de estos autos, que hoy por hoy, ya no son el futuro, sino el presente de las calles mexicanas.






































