Pues ya se nos armó la película de oro en pleno 2026. El senador Manuel Velasco, del Partido Verde, se sacó de la manga una comparación de esas que duelen de lo certeras: dijo que Omar García Harfuch es el Pedro Infante de la política mexicana. Y no se quedó en el piropo. Le ofreció el partido entero por si en 2030 Morena le cierra la puerta, como ya le pasó cuando anduvo buscando la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. “Si él decidiera y mantiene la popularidad, sería un proyecto ganador”, soltó el chiapaneco, con esa cara de quien ya está midiendo el tamaño del escenario.
Y vaya que la gente le compró el personaje. Llegó el secretario de Seguridad a la Cámara de Diputados a comparecer por el segundo informe de gobierno y lo recibieron como a ídolo de la Época de Oro. Le cantaron a todo pulmón “Amorcito corazón”, la misma que Pedro Infante le dedicaba a sus galanes en Nosotros los Pobres. Las diputadas y trabajadoras del recinto no se contuvieron: gritos de “¡guapo!”, “¡queremos un beso!” y se le echaron encima a pedirle foto y abrazo como si fuera el estreno de Los Tres García. Uno piensa: ¿esto es una rendición de cuentas o el camarín de un torero?
Harfuch, que no es tonto, agradeció el “bien comentario” de Velasco pero se hizo el remolón: dijo que no tiene agenda paralela y que pensar en 2030 sería una falta de respeto a su equipo. Claro, nomás que cuando te reciben con canción de Pedro Infante y te andan pidiendo besos en San Lázaro, el mensaje ya se fue solo. La popularidad se le nota a leguas: aparece primero en las encuestas, baja homicidios, detiene capos y todavía le sobra tiempo para que las legisladoras se le acerquen como fanáticas de los cincuenta.
Velasco, por su parte, ya dejó claro que el Verde está listo para servir de plan B. Porque en la política mexicana nunca está de más tener un partido de respaldo por si el oficialismo te pone el alto. Mientras tanto, el secretario sigue con cara de “yo nomas vengo a trabajar”, pero el país ya lo está viendo con traje de charro y guitarra al hombro. ¿Será que en 2030 nos toque un presidente que nos cante “amorcito corazón” desde el balcón de Palacio? Por lo pronto, en San Lázaro ya le hicieron el ensayo general. Y vaya que le quedó bien.










