jueves, febrero 19, 2026
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DeVotos y otros políticos Nonsanctos: Denuncias que no pican ni rajan

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La presidenta Sheinbaum insiste en que, ante cualquier señalamiento de corrupción en los medios —como los del libro de Julio Scherer Ibarra—, lo procedente es presentar denuncias formales. «Que presenten las pruebas», dice, como si la FGR fuera una máquina imparcial que atiende a todos por igual. Pero la realidad pinta otro cuento, y bien pinche cínico.

Ahí está el caso de María Elena Pérez Jáen, exdiputada panista y terca como mula en temas de transparencia: en octubre de 2025 presentó 37 denuncias contra Adán Augusto López Hernández por irregularidades en el manejo de casi 800 millones de pesos durante su gobierno en Tabasco, todo sustentado en auditorías de la ASF. ¿Resultado? Hasta febrero de 2026, cero. Ni citatorio, ni investigación que se mueva, ni madres. La señora ya anda preparando re-presentarlas con la nueva fiscal Ernestina Godoy, a ver si ahora sí pican piedra.

Lo mismo pasa con los diputados panistas que han ido contra Andrés Manuel López Beltrán, «Andy», por presuntos huachicol fiscal, tráfico de influencias y un menú largo de delitos graves. Denuncias ante la FGR, pruebas en mano, y… silencio sepulcral. Ni una carpeta que avance, ni un imputado que tiemble.

Y ni hablar del descarrilamiento del Tren Interoceánico, esa tragedia que dejó 14 muertos y más de 250 heridos. Diputados del PAN presentaron denuncia contra «Bobby» López Beltrán y otros funcionarios por corrupción, homicidio culposo y negligencia. ¿Qué ha pasado? Víctimas denuncian trabas, omisiones y hasta presiones para aceptar indemnizaciones sin pleito legal. La FGR se enfoca en «exceso de velocidad» de los maquinistas y deja de lado contratos dudosos o fallas estructurales. Otro expediente que duerme el sueño de los justos.

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La lección es clara, carnales: la presidenta nos dice «denuncien», pero cuando se denuncia a los de casa, las carpetas se congelan más rápido que chela en el congelador. Es como invitar a una peda y luego cerrar la puerta con candado. Para los de enfrente sobran recursos y ganas; para los cercanos al poder, ni el polvo se mueve.

En este sexenio de la «transformación», presentar pruebas parece más un ritual inútil que un camino a la justicia. Mientras tanto, la corrupción selectiva sigue de moda: unos sí caen, otros ni se enteran.

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