¡Ay, caray, mis queridos lectores de «DeVotos y otros políticos Nonsanctos»! En este circo político que es América Latina, siempre hay un trapecio que conecta a unos con otros, y hoy les traigo un chisme que huele a petrodólares y traiciones transfronterizas. Fíjense: el ascenso de Andrés Manuel López Obrador, ese tabasqueño que se convirtió en el mandamás de México, coincidió curiosamente con la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela allá por 1998. No, no estoy diciendo que AMLO copiara el libreto chavista al pie de la letra –aunque sus críticos juran que sí, con discursos populistas que suenan como eco caribeño: «Amor con amor se paga» y esas perlas que ambos soltaban para enamorar al pueblo–. Lo que sí es un hecho es que el modelo bolivariano inspiró a muchos izquierdistas en la región, y López Obrador, con su carisma de profeta tropical, escaló posiciones en el PRD mientras Chávez repartía petróleo y promesas.
Pero ahora, con el arresto de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 –esa operación gringa que lo sacó de Caracas como si fuera un narco de película, acusado de «narcoterrorismo» y de inundar Estados Unidos con cocaína–, las cosas se ponen picantes. Fuentes del Departamento de Justicia yanqui hablan de un «narcoestado» venezolano que duró 25 años, con lazos a carteles como el de Sinaloa. Y aquí viene el twist: ¿podrían salir a flote datos que salpiquen al expresidente mexicano? Recuerden que en 2024, el New York Times reveló una investigación estadounidense sobre supuestos nexos de aliados de AMLO con el narco, aunque nunca se formalizó. AMLO, desde su retiro, ya salió a defender a Maduro llamándolo «secuestro», pero ¿y si en los interrogatorios de Maduro brotan nombres mexicanos? Imagínense: de la «cuarta transformación» a una citación en Washington. Sería el colmo, ¿no? Un expresidente que siempre se dijo incorruptible, bajo la lupa de Trump y su fiscal Pam Bondi.
No es para alarmar, pero en este juego de tronos latino, las alianzas ideológicas a veces esconden favores oscuros. Chávez y Maduro apoyaron moralmente a AMLO en sus campañas, y viceversa. Si surge una investigación, sería un escándalo que pondría a prueba la soberanía mexicana. Mientras tanto, el pueblo se pregunta: ¿quién paga el pato? Quédense atentos, que esto huele a más revelaciones. Respeto al legado de AMLO en lo social, pero en política, nadie es nonsanto.



























