El sector empresarial mexicano respira con un ligero alivio, aunque mantiene la cautela. Según el más reciente reporte de TResearch International, basado en cifras de febrero de 2026, el Índice Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOEC) se ubicó en 49.8 puntos. Esta cifra representa una recuperación mensual respecto al arranque de año, pero todavía sitúa al ánimo de los inversionistas en una zona gris, apenas rozando el umbral del optimismo.
Para entender la relevancia de este dato, hay que recordar que cualquier cifra por debajo de los 50 puntos se considera «pesimismo» en el argot económico. El hecho de que México se encuentre en 49.8 indica que, si bien el ánimo mejoró en el último mes, el sector privado aún no se siente plenamente confiado para abrir la cartera de manera agresiva. De hecho, al comparar este resultado con el de febrero de 2025 (50.7 puntos), se observa una caída anual del 2%, lo que refleja un deterioro del clima de negocios en el último año.
Al desglosar los sectores, el panorama es mixto. El sector de los Servicios Privados No Financieros es el que muestra mayor resiliencia con 50.6 puntos, seguido de cerca por la Manufactura con 50.0. Ambos sectores han logrado mantenerse en la línea de flotación del optimismo. En contraste, el sector de la Construcción sigue siendo el «foco rojo» de la economía, estancado en apenas 45.0 puntos, a pesar de haber registrado una leve mejoría de 0.2 puntos en el último mes.
Dentro de la industria manufacturera, hay contrastes que llaman la atención de los analistas políticos. Los subsectores vinculados a la tecnología y la exportación, como la electrónica y los equipos eléctricos, registran niveles de confianza muy altos, de hasta 56.5 puntos. En el otro extremo, las industrias de medios masivos de comunicación y los servicios de información presentan los niveles más bajos de confianza, con indicadores que caen hasta los 38.4 puntos.
¿Qué significa esto para el ciudadano común y para la política nacional? Una confianza empresarial estancada por debajo de los 50 puntos suele traducirse en una menor creación de empleos formales y una inversión más lenta en infraestructura. El reporte de TResearch sugiere que, aunque el desplome se ha detenido, la incertidumbre sobre el rumbo económico sigue pesando en las decisiones de los altos directivos. Mientras la construcción no repunte y el comercio no cruce la barrera del optimismo, la economía mexicana seguirá operando a media marcha, a la espera de señales políticas y económicas más claras que devuelvan la certeza al mercado.






























