¿Cómo se construye una candidatura?

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Teorías aparte, en los tiempos actuales se escuchan mucho frases como “para construir su candidatura”, o “como parte del proyecto de candidatura”, lo cual representa un conjunto de esfuerzos para alcanzar un objetivo que tiene nombre: competir bajo las siglas de un partido, o de forma independiente, en unas elecciones. Así, muchos se afilian a un instituto político teniendo en mente lo que quieren lograr, lo cual poco tiene que ver con ayudar a los demás.

Esfuerzos

Revisar cómo han llegado algunos de los candidatos que pelearán un cargo de elección popular en las próximas elecciones, nos da una idea de que en la mayoría de los casos se trata de un esfuerzo que lleva años. Buena parte de la clase política se enlistó en su partido con la idea en la mente de llegar a una candidatura. Las motivaciones para esto no pasan por afanes de servicio –a pesar de los discursos en ese sentido–, sino que al ver la solvencia económica de una gran cantidad de integrantes de eso que llamamos clase política, nos damos cuenta de para qué buscaron la oportunidad.

Una vez en el partido, comienza con paciencia una larga labor de acercamiento y convencimiento para con los líderes del mismo, para tener cerca cada vez más la meta, gracias a obsequios, comidas y encuentros preparados para hacerse notar.

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La creación de un grupo o el ingreso a uno ya establecido, también es parte de la táctica para alcanzar el objetivo deseado, por lo que los primeros meses –o años– de pertenencia al mismo serán para acomodarse y ganar la oportunidad, contribuyendo a que el candidato del grupo gane la votación correspondiente.

En paralelo, se presentan los esfuerzos para hacerse notar, para construir una imagen en los medios y ser reconocidos tanto por la militancia como por la ciudadanía en general. En esto, el aspirante sumará a varios operadores –cualquier cosa que signifique en términos partidistas, pero que siempre se dedican a realizar ciertas tareas relacionadas con la futura candidatura–, para que contribuyan al proyecto, buscando entre familiares y amigos, pocas veces entre especialistas.

Otra actividad paralela es conseguir financiamiento. A veces esto se logra merced a la relación con empresarios o con el control del Partido, otras más gracias a ahorros o a bolsas que el grupo hace con los puestos que tienen a su disposición, incluso con método no lícitos si la ambición es mucha y la paciencia poca.

A estas alturas, el aspirante ya debe ser conocido, manejar un tema que le ayude a ganar en imagen y contar con los respaldos suficientes para competir en las elecciones internas del Partido o, al menos, ser considerado a la hora de las designaciones. También debe tener clara la ruta que seguirá para su última elección, pues muchos de los que anhelan una gubernatura –o la Presidencia de la República–, trazan un camino que pasa por presidencias municipales, diputaciones locales, federales, senadurías, algún cargo en el partido, hasta la tan ansiada meta.

A la par, ayudarán –al igual que se les ayudó a ellos– a llegar a ciertas candidaturas para después cobrar el favor. Muchas de las historias de los actuales gobernantes o legisladores pasan por este pago/cobro de favores para alcanzar la posición actual. Bastantes de estos personajes lo reconoce sin rubor alguno y fomentan el mantenimiento de esta tradición.

Todo lo anteriormente descrito implica disciplina, sacrificios, no cometer errores y sacrificar tiempo que podría pasarse con la familia, con amigos o en actividades de entretenimiento para dedicarse de tiempo completo a su proyecto, involucrando al equipo cercano que también renunciará a su familia y a su vida privada con tal de acompañar al jefe del grupo en su búsqueda de la dorada candidatura.

Claro está que todo lo dicho no garantiza el éxito y en no pocas ocasiones esto se convierte en un párrafo más en el currículo de algunos, pero para los suspirantes políticos no hay peor lucha que la que no se hace.

Si en este texto ha extrañado que se escriba de ideales, propuestas, deseos de servir, bien común, bienestar para todos o términos similares, no se espante, nada de eso entra entre quienes buscan una candidatura como proyecto de vida teniendo en mente que eso elevará su estatus, que es lo que a fin de cuentas les importa. Se podría hablar hasta de un egoísmo de grupo.

Sin duda, lo anterior sería una buena trama para una novela, al estilo de la que escribió Jorge Bucay, El Candidato, pero por desgracia esto sucede con demasiada frecuencia en México.

Del tintero

La semana pasada pasó sin mucho ruido el aniversario de la adquisición que Carlos Slim hizo del 16.8% de participación en el New York Times, pues hace un año compró 15.9 millones de acciones del diario. El dato no es menor dada la cobertura crítica del periódico estadounidense con relación al gobierno mexicano, lo cual algunos ven como la mano del magnate de la industria de las telecomunicaciones en una especie de venganza o para enviar un mensaje que le ayude a sus negocios en México. Para otros, que el NYT publique notas en las que la administración federal no sale bien parada, no es para extrañarse, pues ocurre lo mismo en medios nacionales y redes sociales. Opinión para todo hay, de eso no hay duda.

Twitter: @AReyesVigueras


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