Candidatos sin partido

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En el actual contexto electoral, llama la atención el entusiasmo que han despertado los candidatos independientes aunque al analizar algunas de dichas candidaturas se descubra que en realidad son políticos buscando llegar a un cargo gracias a un disfraz. En momentos en que la decepción y el hartazgo por los partidos políticos es un tema creciente entre los ciudadanos, conviene revisar si no es necesario incluir una figura más para quienes quieran participar en las elecciones.

Opciones

Los candidatos independientes están de moda. En las elecciones que han tenido lugar en el país el año pasado y en el actual, dicha figura se ha presentado a los comicios con resultados variados. Si bien es cierto que ya tenemos un presidente  municipal, un diputado local, uno federal y un gobernador independientes, también es cierto que otros abanderados se han quedado en el camino.

Los actuales candidatos que se ostentan como independientes, quienes compiten en los comicios que se definirán el próximo 5 de junio, representan una mezcla de personas que provienen de la iniciativa privada, como José Luis Barraza o Armando Cabada en Chihuahua, a exmilitantes que al no contar con el apoyo suficiente en sus respectivos partidos –o por otras cuestiones, como ser desplazados por los grupos dominantes en los mismos–, recurren a la opción independiente para competir en las votaciones.

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Es claro que para muchos políticos esta alternativa les da esperanza de continuar su carrera, pues como políticos profesionales –esa clase que cuenta con muchos defensores, no sólo entre los propios políticos sino hasta en ciudadanos– alegan el derecho a participar en elecciones con argumentos como su experiencia, arraigo, conocimiento y simpatía entre los votantes y, desde luego, un proyecto para el país o el estado.

Esto ha generado que en lo que va del año se hayan dado declaraciones en las que algunos aspirantes reconocen su interés en transitar por la vía independiente si la del partido se les cierra. Así lo han considerado Margarita Zavala, si el PAN no permite –como sucedió cuando intentó ser candidata plurinominal a la Cámara de Diputados– que alcance la nominación, o Carlos Joaquín cuando analizaba sus opciones rumbo a la gubernatura de Quintana Roo.

Lamentablemente, estos hechos no han generado las discusiones necesarias acerca de si en verdad la independencia se debe entender como una renuncia a la militancia partidista o si se trata de construir una opción política diferente a lo que ofrecen los propios institutos políticos, como hemos señalado en este espacio al ejemplificar lo que sucede con un candidato independiente a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México y su plataforma, idéntica en muchos puntos a lo que ha venido planteando Acción Nacional.

Y es que es precisamente este punto el que no se ha discutido suficientemente: qué sucederá en caso de que un abanderado que se ostenta como independiente, pero con una larga militancia partidista en su pasado inmediato, alcance el triunfo en las elecciones, ¿con quién gobernará, si su círculo cercano y sus contacto son militantes de un partido? ¿Gobernará con una agenda distinta a su expartido, sus propuestas serán diferentes a las que ha manejado el instituto político en el que se formó?

Estas y otras dudas no se han presentado en la mesa de discusión, pues pareciera que con la simple declaración de que se es independiente basta para borrar el pasado –como cierto y eterno candidato práctica con los militantes que renuncian a su partido para formarse en sus filas–, alcanzando el perdón por lo que se pudo haber hecho anteriormente, sin analizar si es conveniente que un aspirante se cobije bajo el manto independiente pero siga promoviendo las mismas propuestas de su expartido.

Quizá lo más conveniente, así como se incorporó la figura de candidato independiente en la legislación electoral, es que se agregue la de candidato sin partido, pues muchos políticos se podrían ver beneficiados con esta alternativa y los ciudadanos no caerían en más decepciones, además de añadir una dosis de honestidad a nuestro sistema político.

Esta propuesta sería conveniente en función de que si un político profesional desea continuar con su carrera, puede optar por presentarse en las elecciones como un candidato sin partido, considerando que hay aspirantes que tienen arraigo, equipo que puede movilizar a los votantes, conocimiento entre los electores y deseos por competir sin una estructura partidista con la que puede estar en desacuerdo.

De paso, serviría para que los ciudadanos –dado que la tendencia es apoyar más a candidatos que a partidos– envíen un mensaje a las distintas fuerzas políticas y les muestren su rechazo, lo que los obligaría a mostrarse más democráticos en su interior, algo que en verdad hace falta en el país.

Del tintero

Más de 23 mil personas fallecidas habrían otorgado sus firmas para apoyar las aspiraciones de quienes obtuvieron el registro como candidatos independientes a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, informa en su columna de El Universal, Héctor de Mauleón, puede leer el texto aquí.

Si de lo que se trata es desmotivar totalmente a los ciudadanos ante cualquier opción electoral, van por muy buen camino.

 

Twitter: @AReyesVigueras


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