Cacería sindical contra inconformes

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Miren nada más la joyita que se trae el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social. Mientras miles de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social exigen la renuncia de su dirigente Rafael Olivos, mejores salarios, insumos y condiciones dignas, la dirigencia responde con citatorios de sanción. Van al menos siete, según denuncian los propios afectados. El castigo: suspenderles los derechos sindicales. O sea, dejarlos tirados, sin defensa laboral frente al propio Instituto y sin las prestaciones que se supone el gremio debe proteger.

Así de sencillo. Protestas en las calles, plantones, bloqueos intermitentes en Reforma, y de regreso a casa llegan los papeles de la Comisión de Honor y Justicia. Zuiry Hernández, asistente médica de un hospital de zona, lo dijo claro: sin derechos sindicales, el trabajador queda vulnerable ante cualquier acta administrativa. Y no es invento de unos cuantos. Hay reportes de secciones de Coahuila, Tabasco, Baja California Sur, Tamaulipas y Colima. La base se mueve, la cúpula castiga.

Olivos, por su parte, se declara limpio y dice que si juntan las dos terceras partes de los casi 475 mil trabajadores para un congreso extraordinario, ahí sí renuncia. Mientras tanto, asegura que no sanciona por libertad de expresión. Pero los citatorios ya están en la mesa. Como dice el dicho: de buenas intenciones está empedrado el camino… y de citatorios, el de la disidencia.

Los trabajadores no se dejan. En las manifestaciones han rechazado la presencia de simpatizantes de Morena y han lanzado consignas contra el partido. Dejan claro que su movimiento es independiente, que no buscan empujar a ninguna oposición. No vienen de un lado ni del otro: vienen de la base que se cansa de aumentos raquíticos (primero 2.9, luego un 8 global que muchos califican de burla) y de un sindicato que parece más interesado en mantener el control que en defender a los suyos.

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Y anuncian lo gordo: el 30 de octubre “se va a parar el país”. Megamarcha nacional, movilización a lo largo y ancho. Al día siguiente, asamblea constituyente para organizar mejor la pelea y avanzar hacia ese congreso extraordinario que piden. No es broma. Llevan semanas en las calles y aseguran que las acciones continúan.

En este país de políticos nonsanctos y dirigentes que se agarran al sillón con uñas y dientes, el caso del Seguro Social es un espejo. Cuando la base exige cuentas, la respuesta no es diálogo, sino papel oficial con sello de sanción. Mientras tanto, los hospitales siguen sin insumos suficientes y los trabajadores sin la representación que deberían tener. Veremos si el 30 de octubre el país realmente se detiene o si otra vez todo termina en promesas y más citatorios. Al tiempo.

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