Aumento raquítico en el IMSS

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Pues ya vieron, carnales. El Consejo Técnico del IMSS le dio el visto bueno a un “generoso” aumento del 8 por ciento para los trabajadores: 4 por ciento al salario tabular y otro 4 a la ayuda para renta. Zoé Robledo lo anunció contento, el sindicato de Rafael Olivos lo celebró como si hubieran sacado la lotería y dijeron que es el más alto respecto a la inflación en un montón de años. ¡Viva la negociación!

Pero la base trabajadora, esa que se la rifa todos los días en clínicas y hospitales con desabasto de medicinas, falta de insumos y sobrecarga de chamba, respondió con lo que se merecía: “¡Es una burla!”, “¡Raquítico!”. Exigen el 10 por ciento directo al tabulador, no ese dividir el pastel en dos para que se vea más grandote. Y encima, demandan la salida de la dirigencia sindical que, en vez de pelear de verdad, se apresuró a firmar y dar por “superada” la revisión.

Los disidentes ya tienen el respaldo de jubilados y de otros sindicatos. Plantones, tomas de edificios y marchas que no paran. Porque no solo es el sueldo. Es la crisis del Instituto: pacientes sin medicamentos, personal insuficiente y un sistema de salud que se sostiene a base de heroísmo y no de recursos. Mientras la dirigencia se fotografía con el aumento, los de a pie siguen gritando que no los escucharon ni en las mesas ni en la consulta anterior, donde ya habían rechazado el 6.8 por ciento.

Olivos y compañía pueden decir que escucharon. La realidad es que aceptaron a la carrera lo que les pusieron en la mesa y dejaron a la base con el mismo problema de siempre: trabajar con las uñas y cobrar como si todo estuviera de maravilla. Las protestas van a seguir, y con razón. Porque un aumento que no alcanza ni para cubrir el desgaste diario no es solución: es tranquilizador barato. Y en el Seguro, ya nadie se traga las pastillas de consuelo.

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