miércoles, febrero 18, 2026
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Arriaga: Fanatismo en Páginas Escolares

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¡Ay, nanita! ¿Se acuerdan de Marx Arriaga, el chamaco que armó la de San Quintín con los libros de texto de la Nueva Escuela Mexicana? Pues ahora lo corrieron de la SEP como a un perro callejero, y no por robarse los lápices, sino por plantarse como macho cabrío y negarse a borrar 192 contenidos que, según los mandamases, eran «no pertinentes» y «sin sentido». Imagínense: desde octubre del año pasado, la Subsecretaría de Educación Básica le mandaba oficios con órdenes claras para podar lecciones de preescolar y materiales para maestros. Pero don Marx, fiel a su estilo, dijo «ni madres, esto se queda como está».

El escándalo lo destapó la revista Proceso, con documentos en mano que pintan a Arriaga como el héroe trágico de la pedagogía izquierdosa. Él, en su conferencia de prensa, se victimiza alegando que lo echaron por defender la esencia de la Cuarta Transformación contra «intereses neoliberales» que quieren diluir el contenido. ¡Ja! Como si los libros fueran el Santo Grial y él, el guardián eterno. Ahora se autoproclama «director legítimo» de Materiales Educativos, rechazando cualquier tijeretazo y llamando al magisterio a refundar la SEP. ¿No será que el fanatismo le nubló la vista? Porque una cosa es pelear por la educación y otra es atrincherarse como en un zócalo tomado.

Recordemos que Arriaga ya era polémico desde los tiempos de López Obrador: sus libros cargados de ideología, con errores garrafales y un tufo a adoctrinamiento que levantó cejas hasta en el cielo. Críticos lo acusan de meter mano política donde solo deberían haber sumas y restas, pero él jura que es por el bien de los chamacos. La SEP, por su lado, justifica el despido con un eufemismo burocrático: «cambio en la naturaleza del puesto». Traducción: «Ya no te queremos aquí, carnal». Y mientras tanto, Sheinbaum tiene que salir a apagar el incendio, asegurando que no hay marcha atrás en la Nueva Escuela, pero sin meterse en el lodazal.

En fin, este culebrón educativo nos deja pensando: ¿hasta dónde llega la lealtad ideológica antes de volverse capricho? Arriaga, con su rebeldía quijotesca, nos regala una lección gratis: en la política mexicana, a veces el fanatismo es el peor maestro. Ojalá que los libros sigan educando, no adoctrinando, y que los funcionarios se pongan las pilas sin tanto drama. ¡Órale, raza, a leer entre líneas!

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