Ante la pobreza: mayor rendición de cuentas

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La batalla contra la corrupción y la búsqueda de medios efectivos de rendición de cuentas son indispensables para salir de la crisis de Estado que estamos viviendo. También lo son para combatir la pobreza.

Cerca de la mitad de las personas (43%) no tienen ingreso laboral suficiente para comprar la canasta básica de alimentos, alerta el reciente reporte de "México ¿Cómo vamos?" (http://-bit.ly/18lz7OS). Esto significa que casi la mitad, más de 4 de cada 10 mexicanos, con trabajo, vivirían en pobreza extrema, si sólo tuvieran esa fuente de ingreso.

La permanencia de la pobreza parece un destino insuperable de nuestro país. Esto no es así. México no es un país pobre. La pobreza extrema podría erradicarse. La pregunta es si la falta de rendición de cuentas tiene alguna conexión -más o menos directa, clara y comprensible- con la permanencia de la pobreza.

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Hay una conexión evidente: La corrupción impune afecta los programas sociales que deben servir para enfrentar carencias y mejorar ingreso. La Auditoría Superior de la Federación ha documentado desviaciones por mil millones en programas de la Sedesol, sólo en la cuenta pública del año 2013. Casi 800 millones se entregaron a dos universidades, eso equivale al monto destinado a 1.3 millones de pensiones para adultos mayores.

La segunda conexión es que la falta de rendición de cuentas permite que se mantengan políticas sin efectividad y programas mal diseñados, dispersos o de plano clientelares. Coneval ha señalado serias deficiencias, no sólo en la Cruzada contra el Hambre, sino en múltiples programas y ha insistido en que no habrá efectividad, si se mantiene la dispersión.

El problema es serio. Nada justifica que haya 57 programas federales de bienestar económico, que promueven la generación de ingreso. Eso sin contar los programas estatales y municipales. ¿A quién beneficia realmente esta pulverización y dispersión de los esfuerzos a los que se destinan más de 150 mil millones de pesos, sólo del presupuesto federal?

Enfrentar esta inefectividad de los programas económicos es indispensable para reducir la pobreza. No son los programas sociales los que enfrentarán con éxito la pobreza. Se necesita cambiar el enfoque: Los programas de bienestar económico, es decir que apoyan proyectos productivos, o medios de generación de ingreso, de capacitación y empleabilidad, son los principales medios para reducir la pobreza y por lo tanto, es suya la responsabilidad.

Sin embargo, y ese es el tercer problema de rendición de cuentas, nuestro sistema institucional carece de mecanismos eficaces de exigibilidad. Incluso derechos sociales garantizados en la Constitución carecen de medios prácticos de exigibilidad. El Seguro Popular afilia familias, sin que nada garantice que las personas afiliadas puedan acceder a servicios de salud cuando los requieren. En la práctica, el presupuesto de salud es de mayor crecimiento en los últimos 10 años. Y ha sido afectado por corrupción, dispendio y falta de rendición de cuentas. Se inauguran hospitales sin personal suficiente. Se debilita el primer nivel de atención en detrimento de la medicina preventiva, sin mayor consecuencia. La cobertura universal sigue estando lejana.

Garantizar mejores formas de rendición de cuentas, enfrentar la corrupción y generar mecanismos de exigibilidad de los derechos -sin abrir nuevos boquetes de corrupción como los vales de medicinas del Partido Verde- son acciones eficaces contra la pobreza si se aplican a los programas económicos y a los servicios sociales. Busquemos medios para llevarlas a la práctica.


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