Ay, caray, amigos lectores, ¿vieron el circo que armó Marx Arriaga en la SEP? El compa, que se la pasó diseñando esos libros de texto gratuitos con más ideología que un mitin de la Cuarta Transformación, terminó sacado a empujones de su oficina. ¡Y con policías de por medio! En un video que él mismo subió a sus redes, se ve cómo resiste cual gato panza arriba: «Hasta que no me den un papelito oficial, aquí sigo mandando». Pobre, parecía escena de telenovela barata, de esas donde el villano se aferra al trono.
Como en los tiempos de Stalin, aplican una purga al comunista Marx Arriaga, autor de los bodrios de texto de la SEP.
Claro, a él no se lo llevan al Gulag ni a fusilar. Sólo lo ponen de patitas en la calle. pic.twitter.com/O53HW5R5jl
— Pascal (@beltrandelrio) February 13, 2026
Recordemos: Arriaga metió mano en los materiales educativos con un sesgo que ni disimuló. Redujo las mates a lo mínimo, como si sumar y restar fueran pecados capitalistas, y de pilón, dejó fuera a las mujeres en capítulos clave. ¡Órale! ¿Dónde quedó la igualdad que tanto predican? Y no paró ahí: le tiró pedradas a su jefe, el secretario Mario Delgado, acusándolo de querer privatizar la educación. «¡Traición en casa propia!», gritaba el ideólogo puro y duro.
La SEP, en su comunicado, lo pintó como un simple «ajuste administrativo». Dicen que su puesto ahora es de «libre asignación», o sea, de esos que se dan y quitan como dulces en piñata. Pero, ¿será? La duda pica: ¿lo corrieron por bocón, por molestar en Palacio Nacional con sus críticas, o es el arranque de una purga estilo «claudismo»? Ya saben, para barrer a los radicales que estorban el nuevo rumbo. Porque, miren, justo cuando sale el libro de Julio Scherer Ibarra, «Ni venganza ni perdón», que destapa la cloaca en Morena –financiamientos turbios del huachicol, campañas sucias y traiciones internas–, empiezan a volar cabezas.

Scherer, exconsejero jurídico de AMLO, suelta bombas: acusa a Jesús Ramírez Cuevas de acercar al «Rey del Huachicol» al poder, y confirma que Morena llegó financiado por el crimen organizado. ¡Chingao! Si eso es la «transformación», mejor nos quedamos con los vicios de antes. ¿Será que la presidenta Sheinbaum quiere limpiar la casa antes de que el escándalo la salpique? O tal vez Arriaga, con su comunismo de manual, ya no encajaba en el pragmatismo del nuevo sexenio.
En fin, Marx –el de la SEP, no el de El Capital– se va con ruido, pero sin gloria. Queda la lección: en política, la lealtad es volátil como gasolina robada. ¿Seguirán cayendo más nonsanctos? Atentos, que el show apenas empieza.



































