La presidenta Claudia Sheinbaum anda como quien se le quemó el guiso y ya no quiere ni oler la receta. Con tal de que el escándalo de Guadalupe Taddei no le pegue a Morena de cara al 2027, se deslinda de la exconsejera presidenta del INE a toda velocidad. Pero no con argumentos finos, sino a puro “y tú más”. Primero le echó la culpa a Lorenzo Córdova por haberla puesto en Sonora en 2014. Ahora resulta que el contratista de los contratos millonarios también tiene hilos que llegan a un militante de Somos. Al paso que va, mañana nos va a sacar la foto de los compañeros de salón de Taddei en la primaria para acusarlos de haberla impulsado a la corrupción.
El caso es serio: empresas cercanas a José Alfredo Hernández Casillas, videos de fiestas, choferes que aparecen como apoderados y una red que lleva años moviendo material electoral. Taddei ya renunció. La Auditoría Superior y la UIF están encima. Hasta ahí todo bien. El problema es el deslinde exagerado. Sheinbaum insiste en que “la mafia electoral no nació con Taddei”, que viene desde los noventa, que Córdova la mantuvo y que ahora hasta un ex de Renapo que milita en Somos tiene que ver con los orígenes de esa red. Como si el hecho de que el negocio sea viejo borrara lo que pasó en los últimos años bajo la gestión de quien ella misma dejó en el cargo.
Es el clásico “yo no fui, fueron todos los demás”. Primero Córdova, luego el sistema de 2014, ahora Somos. Mañana le toca al portero del edificio donde vivía Taddei. Mientras tanto, el mensaje es claro: no queremos que esto nos salpique en 2027. Mejor salpicamos nosotros a los de enfrente.
Nadie pide que se tape a Taddei. Al contrario. Que se investigue a fondo, se castigue a quien haya que castigar y se limpie el INE de una vez. Pero convertir el deslinde en una operación de tierra arrasada, donde todo el mundo resulta culpable menos el propio gobierno, huele a puro cálculo electoral. Y en política, cuando uno se pasa de listo con las culpas ajenas, al final el electorado suele recordar quién estaba en el poder cuando el cochinero explotó.
Así que ahí la dejamos: Sheinbaum limpiándose las manos a fuerza de señalar a medio México. Ojalá la auditoría llegue hasta donde tenga que llegar, sin selectividad ni cuentos de hadas. Porque si de verdad quieren que no haya “ninguna sombra de corrupción” en el INE, primero tendrían que dejar de usar la sombra de los demás para esconder la propia.



















