El eje del poder imperial de Estados Unidos no se localiza en el Congreso ni en los estados; la fuerza proviene de la institución presidencial en la Casa Blanca donde los intereses geopolítica y local obedecen a las oficinas de inteligencia y seguridad nacional.
La victoria Legislativa y regional de los demócratas el martes 3 de noviembre sólo fortaleció el poder hegemónico local como representante de grupos de poder, pero el verdadero lobby de dominación de las decisiones presidenciales se configura de bloques de poder alrededor del presidente absolutista.
Los teóricos políticos de las dictaduras se han encargado de dotar a Estados Unidos de un funcionamiento imperial, un hecho que descubrió en 1974 el ensayista Arthur M. Schlesinger Jr.: el poder del presidente de EU –desde Vietnam a Irán y Afganistán– es absoluto, infalible e intocable. Los juicios políticos en el Congreso contra presidentes en el pasado reciente –Nixon, Clinton y Bush Jr.– son parte de la escenografía democrática.
Y la decisión del presidente Trump de acosar a la Corte Penal Internacional que tiene atribuciones propias para decretar castigos a ejecutivos que abusan del poder viene desde los años de Vietnam: ninguna fuerza internacional por muy moral que sea ha sido capaz de indiciar a algún presidente de Estados Unidos por el cargo sencillo de crímenes de guerra, y a Nixon lo destituyeron por no entregar unas grabaciones a las autoridades judiciales por el caso Watergate y no por los bombardeos secretos y criminales en el sudeste asiático.
El sistema político estadounidense le va a permitir a Trump seguir funcionando con facultades abusivas sin preocuparse por cumplir con las restricciones legislativas; la todopoderosa reina Nancy Pelosi nunca pudo sentar formalmente a Trump ante un tribunal de juicio político en la Cámara de Representantes y Trump evadió inclusive acusaciones en el Senado.
A pesar del enfoque teórico del vizconde de Tocqueville en su libro clásico La democracia en América, la estructura del poder efectivo en Estados Unidos es consustancial y correspondiente a los intereses de dominación imperial sobre otras naciones en función de derechos adquiridos por la fuerza en la exacción de recursos extranjeros para responder a lo que se define el alma de la seguridad nacional de Estados Unidos: la hegemonía del american way of life o la forma de vida del estadunidense o, también, el confort del 10% de la clase privilegiada estadounidense, y dentro de ellos el 1% de los más ricos del planeta.
Trump no ha sido una anomalía en el esquema imperial de Estados Unidos; si acaso, Trump cometió el error de sentirse rey del mundo, pero las bases de su poder son la esencia de la misma sociedad estadounidense que a veces tiene cargos de conciencia y vota en contra de los abusos pero no de los objetivos de explotación de otras sociedades: del Destino Manifiesto de 1630 que determina el funcionamiento de la Presidencia estadounidense a partir del mandato divino de que EU es el centro del universo en el que vivimos y la Doctrina Monroe de 1823 que aplica Trump con el abuso vulgar del poder en el continente americano, pero que todos los presidentes de Estados Unidos desde George Washington han ejercido para explotar a las demás naciones americanas para beneficio de la élite estadounidense.
En un análisis frío de la geopolítica del poder imperial de Estados Unidos, Trump ha sido un sujeto histórico como todos los presidentes estadounidenses anteriores, incluyendo a los que dicen que fueron generosos con el poder: la expansión imperial del siglo XIX definió el espacio territorial a través del asesinato de cientos de miles de indios que eran los propietarios originarios de las tierras donde pastaban unos bisontes, de la guerra inventada contra México en 1846-1848 parar robarle la mitad del territorio a un país debilitado por la guerra civil interna y también al Kennedy que dio la orden enviar tropas invasoras a Vietnam, al Obama que en Berlín prometió el fin del imperio estadounidense y acabó ahogado en la guerra de Afganistán que había iniciado Bush Jr. con informes inventados por la CIA y a Dormilón Biden que junto con Obama decretó las deportaciones masivas de mexicanos sin documentos de estancia legal.
Trump ha sido producto del régimen de expoliación imperial de Estados Unidos, y todos los presidentes estadounidenses contaron con la complicidad de las dos cámaras del Congreso y el aval de los gobernadores estatales, hayan sido demócratas o republicanos.
Estados Unidos como imperio ha sido producto de la incapacidad de las naciones soberanas para construir opciones propias. Y Trump ha respondido a ese modelo de dominación geopolítica que define a EU.
Política para dummies: la política es el ejercicio del poder absoluto, no una estética de centro comercial.
@carlosramirezh
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