Estaciones migratorias más vacías, derechos todavía pendientes

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El Diagnóstico 2025 de la Quinta Visitaduría de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), fechado el 21 de septiembre de 2026, supervisó 26 recintos del Instituto Nacional de Migración (INM): 11 estaciones migratorias, 2 estancias provisionales tipo A y 13 tipo B. Su veredicto es favorable: mejor infraestructura, menor ocupación y una sola Recomendación al INM en 2025, ajena a las condiciones de alojamiento. Sin embargo, el documento también contiene los datos que matizan ese optimismo.

El contexto que explica la mejora

La CNDH reporta 126,885 eventos de personas extranjeras presentadas ante la autoridad migratoria en 2025, frente a 986,314 en 2024, una caída de 87.1 %. Lo atribuye al endurecimiento de políticas en Estados Unidos y a la intensificación del control en territorio mexicano. Los recintos pasaron de 61 en 2019 a 50 antes del incendio de Ciudad Juárez, 26 en 2024 y 25 al cierre de 2025. Solo en 16 de los 26 visitados, el 61 %, había personas alojadas. La pregunta es inevitable: ¿mejoraron las estaciones o simplemente hay menos gente en ellas? El informe reconoce que la presión cuantitativa disminuyó, pero que los desafíos estructurales persisten.

Una vara que cambia

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Las calificaciones cuentan una historia ascendente. Tapachula pasó de 65.12 % en 2023 a 99.2 sobre 100 en 2025. Pero las tablas comparativas mezclan bases distintas: porcentajes en 2023, puntajes sobre 100 en 2024 y, en 2025, puntajes sobre 90 en los recintos sin personas alojadas, donde no pudo medirse la percepción de los migrantes. El propio texto admite que, en los cuatro recintos calificados como insuficientes, la nota fue sobre 90 porque estaban vacíos. Uno de ellos, San Pedro Tapanatepec, fue suspendido en agosto de 2025 por sus malas condiciones. Querétaro cayó de 79 a 71 sobre 90. El avance existe, pero la comparación entre años exige cautela.

Lo que se da por solventado

Varias observaciones muestran una evaluación generosa. Todos los recintos tienen consultorio, pero en las visitas no siempre había personal médico. La atención psicológica se consideró cubierta porque, a falta de especialistas, el INM informó que canaliza a instituciones con convenio. La mitad de los recintos carece de mangueras contra incendios, lo que el INM justificó por las condiciones de los inmuebles. Los baños sin puertas se explican por seguridad. Dos estaciones y una estancia no tenían servicio de seguridad contratado. Las organizaciones de la sociedad civil autorizadas para ingresar bajaron a nueve, tres menos que en 2024.

El eslabón más débil es la protección internacional. La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados no visitó ningún recinto ni tiene presencia permanente en ellos. Atendió a 14,959 solicitantes canalizados por el INM, sin precisar cuántos provenían de estaciones o estancias. El apoyo de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo se redujo y no incluyó estos recintos.

El supervisor y el supervisado

Las quejas ante la CNDH bajaron de 2,496 expedientes en 2023 a 1,973 en 2024 y 1,449 en 2025. Las Recomendaciones al INM pasaron de 37 a 20 y luego a una. En diciembre de 2025 la propia Comisión reconoció al INM con un premio de buenas prácticas por reducir sus quejas y cumplir sus Recomendaciones. Un organismo autónomo que premia a la institución que supervisa invita al escrutinio. Además, menos quejas pueden reflejar menos personas detenidas y, como admite el informe, un desconocimiento persistente de los propios derechos: quien no sabe que puede reclamar, no reclama.

La contradicción de fondo

La CNDH reitera que la migración irregular no es un delito y aboga por alternativas a la detención. Aun así, su primera sugerencia es continuar mejorando todas las estaciones y estancias. Embellecer el encierro no equivale a cuestionarlo. Su segunda propuesta es más ambiciosa: convertir los recintos de mayor capacidad en espacios de orientación y protección integral. Entre sus sugerencias aparece también actualizar las normas de funcionamiento, vigentes desde 2012.

Conclusión

El diagnóstico concede que el reto ya no está en el cemento, sino en la información, la asesoría jurídica, la regularización y el reconocimiento de la condición de refugiado. Esos son justamente los indicadores más difíciles de medir con una visita a recintos vacíos. La prueba real llegará cuando los flujos se recuperen. Hasta entonces, las estaciones lucen bien en parte porque casi nadie las habita.

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