Vaya que no se andan con rodeos los trabajadores del IMSS. Lo que empezó como gritos de “no hay material” y “ese aumento no alcanza ni para el camión” ya se convirtió en un verdadero relajo nacional. La convocatoria a una marcha pacífica el 14 de octubre no sólo se mantiene firme: se le sumaron compañeros del Metro, del ISSSTE, de Pemex y hasta los maestros de la CNTE. Cuando hasta el magisterio disidente se apunta, es que el asunto ya no es de un solo gremio, sino de pura y llana dignidad laboral.
Y ojo, porque aquí no sólo se pelean el 10 por ciento de aumento y la salida del líder sindical Rafael Olivos. El asunto de fondo, el que duele de verdad, es el desabasto de medicinas e insumos. Ese mismo que el gobierno federal ha insistido en negar o minimizar, como si las recetas “sin existencia” fueran un invento de los pacientes malagradecidos. Pues resulta que ahora son los propios trabajadores los que lo gritan a voz en cuello: no hay jeringas, no hay guantes, no hay medicamentos básicos y, a veces, ni para lavarse las manos. Cuando el personal de salud sale a la calle a decir “no se vayan a enfermar, no tenemos material”, ya no hay manera de seguirle echando tierra al asunto.
Los derechohabientes y sus familias llevan meses contando las mismas historias: filas eternas, recetas selladas con “sin existencia” y la humillación de tener que comprar por fuera lo que se supone está cubierto. Mientras desde las alturas se habla de “retos operativos” y de que “todo se está resolviendo”, la realidad de las clínicas y hospitales cuenta otra historia. Ahora que los trabajadores se plantan y se les unen otros sindicatos, esa negación oficial se queda sin piso.
No se trata de echar a rodar cabezas por gusto ni de armar un circo. Se trata de que la gente que cura, que cuida y que sostiene el sistema de salud pública también tiene derecho a condiciones dignas y a insumos suficientes para hacer su chamba sin improvisar. Si hasta sectores que normalmente no se mezclan se están sumando, es porque el problema ya rebasó las paredes del Seguro Social.
El 14 de octubre no será solo una marcha de trabajadores del IMSS. Será la prueba de que el desabasto ya no se puede esconder detrás de boletines y de que la paciencia de la base se acabó. A ver si ahora sí escuchan, porque cuando el personal de salud se cansa de callar, el diagnóstico suele ser contundente.



















