Rencor contra panistas despierta academia en Querétaro

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Anda que no. La presidenta Claudia Sheinbaum salió a aclarar que la Academia Internacional de Capacitación Policial que arrancó el gobernador Mauricio Kuri en Querétaro, con el embajador estadounidense Ronald Johnson poniéndole la primera piedra, sí puede echarse a andar y hasta recibir apoyo de Estados Unidos. Pero, ojo, tiene que pasar por los mecanismos federales y ser revisada por el Grupo de Alto Nivel de Seguridad. No es que esté prohibido, es que hay que hacerle como manda la ley.

El gobierno de Querétaro, para que no digan, ya había mandado el oficio a Relaciones Exteriores avisando de la visita del diplomático. Nada de clandestinidad. Pero eso no le bastó a Ariadna Montiel, la dirigente nacional de Morena, que salió con el discurso de siempre: es un acto de injerencia promovido por el gobierno panista porque “lo que hacen es que les vengan a ayudar porque no pueden”. Como si pedir capacitación fuera traición a la patria.

Y aquí viene lo chistoso. El mismo coraje se les subió cuando en Chihuahua aparecieron agentes de la CIA en un operativo contra laboratorios de narcotraficantes. Entonces también hubo gritos de soberanía herida y de injerencia. Pero resulta que el problema no parece ser recibir apoyo de Estados Unidos ni combatir al narco. El problema, sospecho, es que se trate de gobiernos del PAN.

Ese partido que, según los morenistas más aferrados, se atrevió a ganarle la elección de 2006 a su amado líder y desde entonces cargan el rencor como si fuera medalla de honor. Veinte años después y todavía les arde. Mientras tanto, cuando la cooperación viene de estados “amigos”, se habla de coordinación y buena voluntad. Cuando viene del lado contrario, es injerencia y debilidad.

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La verdad es que el narco no pregunta de qué partido es el gobernador antes de poner un laboratorio o meter droga. Y la capacitación policial, si sirve para detectar y detener, debería ser bienvenida sin tanto drama partidista. Pero en esta tierra de políticos Nonsanctos, el rencor pesa más que la eficacia. Kuri y compañía pusieron la piedra; Montiel y compañía pusieron el grito. Y el país, como siempre, sigue esperando que alguien se ocupe de verdad de la seguridad y no del color de la playera.

Al final, ni la ley se respeta del todo ni el resentimiento se acaba. Y así vamos, de piedra en piedra, de reclamo en reclamo.

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