Diputados ricos y opacos

0
9

Mire usted, qué coincidencia tan divina: mientras en San Lázaro se pelean por la austeridad republicana y predican que “primero los pobres”, resulta que un buen puñado de diputados federales anda acumulando casotas, terrenitos y camionetas como si estuvieran armando un imperio inmobiliario personal. La organización Froji se puso a revisarlos todos y descubrió que 62 legisladores —uno de cada ocho— reportan al menos cinco propiedades o vehículos. Y de ese club de ricachones, la mayoría carga el sello de la coalición gobernante: 22 de Morena, 15 del Verde y siete del PT. Casi el 70 por ciento, pa’ que no digan que es cosa de la “oposición fifi”.

El campeón indiscutible es Jorge Alejandro Aguilar López, del PT, con 54 propiedades, un auto y tres empresas. Más casas que iniciativas aprobadas, según los números. Le siguen José Luis Durán Reveles, del Verde, con 25 inmuebles y siete vehículos; Leoncio Alfonso Morán Sánchez, de Morena, con 11 propiedades y 13 carros (¿para qué tanto coche si el transporte público es un derecho?); y así, de todos los colores, hasta llegar a Ivonne Ortega, de Movimiento Ciudadano, con su docena de bienes.

Pero lo más chistoso —o lo más indignante, según se mire— no es la cantidad de propiedades. Es que todos, absolutamente todos, ocultan los detalles jugosos: cuánto costaron, cuándo las compraron, si las pagaron de contado o a crédito, el tamaño real de los terrenos y hasta el nombre de las empresas donde tienen dedo. Las declaraciones patrimoniales parecen formularios a medias, como si alguien hubiera dicho “pónganle nomas lo básico, que no se note tanto”. Y cuando Froji preguntó en la Cámara, les contestaron que “así están aprobados los formatos” y se lavaron las manos con una elegancia digna de un mago.

Mientras tanto, más de un tercio de los mexicanos ni casa propia tiene y menos de la mitad anda en auto, según el Inegi. Pero no se preocupe, pueblo bueno: sus representantes sí tienen de dónde escoger dónde pasar el fin de semana. Opulencia con opacidad. Una combinación tan mexicana como el chile en nogada… o como el discurso de austeridad con cartera repleta.

-Publicidad-

Al final, queda la misma duda de siempre: ¿para quién es la transformación? Porque de transformar la declaración patrimonial en un documento útil, ni hablar. Aquí la transparencia se quedó en el discurso y la opulencia se acomodó muy a gusto en el patrimonio.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí