En las redes sociales no paran de hablar de Arturo Ávila, el diputado de Morena al que desde hace tiempo le pusieron el apodo de “Cero Votos”. Y vaya que esta semana le hicieron honor al mote. Primero intentó la gubernatura de Aguascalientes y no le alcanzó la nominación. Después se lanzó por la alcaldía Cuauhtémoc en la Ciudad de México y terminó declinando a favor de Citlalli Hernández. Ahora dice que buscará reelegirse como diputado federal. En los comentarios de X y Facebook la gente no se guarda nada: “Otra vez se bajó”, “el cero votos sigue sin ganar nada” y “ya ni para candidato sirve”.
Según versiones que circulan en redes, muchas de ellas sin confirmar, Ávila iba arriba en algunas encuestas internas por Cuauhtémoc, pero al final tuvo que ceder el paso. Él mismo declaró que lo hizo por la unidad del partido y que respaldará a Citlalli. Usuarios escriben que “lo bajaron a la fuerza” y que “en Morena nadie quiere a alguien que nunca ha ganado una elección de mayoría”. Hay quien recuerda que su carrera siempre ha sido por la vía plurinominal y que el apodo se lo endilgaron desde la oposición hace tiempo.
Lo más comentado, sin embargo, no es solo la política. En varias publicaciones se menciona su relación con la actual consejera jurídica de la Presidencia. Hay rumores —insisto, rumores que no están confirmados— de que podrían estar esperando un hijo juntos. En los comentarios se lee de todo: “desafortunado en las elecciones, afortunado en el amor”, “por fin algo le sale bien” y “mejor que se dedique a la familia porque de votos no sabe”. Claro que se trata de versiones que corren en el espacio digital y que nadie ha comprobado de manera oficial, pero en redes ya se volvieron tema del día.
Otros usuarios señalan que Ávila acumula malas decisiones y mala suerte. Primero Aguascalientes, luego Cuauhtémoc y ahora de regreso a San Lázaro a pedir la reelección. “El cero votos sigue siendo cero votos”, repiten una y otra vez. Hay quien se burla y dice que al menos ya no tendrá que pintar bardas ni andar buscando apoyos que nunca llegan. Y hay quien, más serio, advierte que en la política mexicana a veces se premia más la lealtad que los resultados en las urnas.
Por lo pronto, Arturo Ávila se queda sin la candidatura que buscaba y con el apodo más pegajoso que le han puesto en años. En las redes sociales el veredicto es claro: perdió otra vez. Si los rumores del amor son ciertos o no, eso solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, el cero votos sigue sin sumar.


















