Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: Chapulín Colorado por Cuauhtémoc

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Resulta que en Morena ya le encontraron el chiste a la alcaldía Cuauhtémoc. No les bastó con perderla hace tres años ante Alessandra Rojo de la Vega, esa panista-priísta-perredista que se les plantó en pleno corazón de la capital y ahora sube en las encuestas como si no hubiera mañana. Ahora quieren recuperarla a como dé lugar y, según filtró Salvador García Soto en El Universal, la cartuchera se llama Citlalli Hernández.

La misma Citlalli que preside la Comisión Nacional de Elecciones del partido. Esa que, en teoría, no debería ni oler una candidatura mientras organiza las de los demás. Pero aquí la teoría se la llevan al carajo. Sus simpatizantes ya salieron a pintar paredes con las siglas CH y la figurita del Chapulín Colorado, como si el “¡no contaban con mi astucia!” fuera la nueva consigna oficial. ¿Será que piensan que con un disfraz de héroe de la televisión van a tapar las incongruencias que la han perseguido?

Dicen por ahí que le ayuda pertenecer al grupo de Martí Batres, ese que todavía mueve hilos en la capital. Y que desde arriba, con el visto bueno de Palacio, ya se armó el plan: que gane Cuauhtémoc en 2027 y de ahí se proyecte para 2030. Arturo Ávila, que también andaba de aspirante, ya declinó “por la unidad” y le abrió el camino. Qué coincidencia tan bien ensayada.

El problema es que Rojo de la Vega no parece de las que se asustan con pintas de superhéroes. Mientras en el partido guinda se pelean por quién pone el dedo, ella sigue trabajando y subiendo. Y a Citlalli le cargan encima el peso de tantas vueltas de tuerca: de secretaria de las Mujeres a organizadora de candidaturas y de repente a posible alcaldesa. Como si el cargo que ocupa fuera un detalle menor.

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En la política mexicana, cuando alguien del aparato electoral se convierte de la noche a la mañana en abanderado, siempre huele a acomodo. Y aquí el olor ya se siente desde las paredes de Buenavista. Veremos si el Chapulín Colorado alcanza para tapar el desprestigio o si, como en los episodios viejos, termina cayendo de espaldas mientras el público se ríe.

Al final, lo único claro es que en Morena están dispuestos a todo por no dejar que Rojo de la Vega se consolide. Hasta pintar al Chapulín. Y eso, digan lo que digan, ya es un espectáculo de circo.