Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: Amílcar, el eslabón más delgado

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Resulta que el refrán popular no miente: el hilo siempre se rompe por lo más delgado. Y en esta telenovela de la Cuarta Transformación, el delgado no es Andrés Manuel “Andy” López Beltrán, por más que el discurso oficial se desgañite repitiendo que él es inocente, puro y casi beatificado. No. El que cruje es Amílcar Olán, el amigo íntimo, el operador de confianza, el que andaba de la mano con los hijos del expresidente mientras los contratos llovían como maná.

Olán enfrenta pesquisas por huachicol fiscal tanto en México como en Estados Unidos. Su empresa Portacelis Gas and Oil aparece en el centro del embrollo: importaciones irregulares de diésel, pedimentos con datos falsos y un posible daño al erario de más de 800 millones de pesos. El proveedor texano, Ikon Midstream, ya fue cateado por autoridades estadounidenses. Y no falta el audio donde se le oye presumir cercanía con células del CJNG y recibir órdenes directas de Gonzalo “Bobby” López Beltrán para el negocio del balasto del Tren Maya. Todo muy 4T, todo muy “hermanos”.

Versiones serias hablan de distanciamiento. Andy y Amílcar ya no se hablan como antes. Incluso se dice que Olán anda en tratos con la justicia del norte. La propia presidenta Claudia Sheinbaum lo confirmó en una mañanera: Hacienda y la Secretaría Anticorrupción tienen información sobre él. “Todo se investiga”, dijo. Qué coincidencia que justo cuando el cerco se aprieta, el amigo de la juventud de Andy pida amparo porque siente “cacería” de la Fiscalía.

Si Amílcar decide cantar ante las autoridades estadounidenses, el costo político puede ser alto. Un testigo colaborador bien informado no es cualquier cosa. Puede convertirse en un dolor de cabeza para el gobierno y, de paso, en un lastre electoral para Morena. Porque el pueblo no es sordo: sabe distinguir entre el discurso de “nada que ver” y la realidad de los negocios que crecieron a la sombra del poder.

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Mientras tanto, el discurso oficial sigue intentando proteger al hijo. Pero la justicia, cuando se enoja, no entiende de apellidos. Y el hilo, ya se sabe, siempre se rompe por el lado más débil. Amílcar Olán puede terminar siendo, sin quererlo, el que tire del mantel.