No viene al caso negarlo: el sainete de Marx Arriaga estuvo morbosamente entretenido, y aún puede dar para mucho. Sin embargo, y dejando a un lado la burla, no estaría de más hacer un corte de caja
¿Merece Marx Arriaga el olvido, o es alguien de quien sea necesario poner atención?
¿Quién ganó y quién perdió en esta escaramuza?
¿Dónde está el centro de gravedad del régimen, en Palenque o Palacio Nacional?
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¿Qué tanto se puede argumentar que los libros de texto adoctrinan?






































