miércoles, febrero 4, 2026
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Dos enfoques sobre la delincuencia organizada en México

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Hace ya algunos años, la preocupación por los delitos del narcotráfico en México era particularmente por el envío de mariguana y cocaína hacia los Estados Unidos. Y como consecuencia de esos negocios, a México le afectaban el cultivo de mariguana y amapola, su procesamiento y su exportación hacia el vecino del Norte. Los intereses de los diferentes grupos del narcotráfico afectaban a ciudadanos inocentes y a quienes de alguna manera participaban en esos negocios, desde su siembra en adelante.

Había dos grandes negocios, uno mucho muy antiguo era el de la mariguana, que afectaba (y sigue afectando) tanto a México como a Estados Unidos. Y el otro negocio, que creció tras la Segunda Guerra Mundial fue el tráfico de goma de opio. Durante la guerra, los gringos compraban esa goma de opio para cubrir necesidades médicas de sus fuerzas en combate, y el negocio continuó desde Sinaloa principalmente, y durante años a los traficantes se les conocía específicamente como “gomeros”, un término que fue sustituido por narcos.

Pero el narcotráfico, afectando a la población mexicana por las luchas entre los cárteles llevó a algunas personas, incluyendo a políticos supuestamente informados a pedir que se legalizara la venta de enervantes, para así reducir los crímenes. Error de inocencia. Al igual que otros periodistas preocupados, insistíamos que legalizar el narcotráfico no resolvería ningún problema, pues las guerras entre las mafias continuarían por el control tanto desde la cosecha hasta la distribución de enervantes y control de mercados.

Y los negocios del narco luego llamados hasta ahora como cárteles se concentraban precisamente en la producción y venta, principalmente exportación de sus productos. El negocio se expandió por años hacia la producción de drogas sintéticas hasta llegar a la del fentanilo en estos tiempos. Los otros delitos que ahora sufre México eran cosa de la llamada delincuencia común, las extorsiones, el robo a gran escala, los secuestros (que llegaron a incluir los llamados “secuestros exprés»), y el llamado cobro de piso.

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De alguna manera los cárteles fueron agregando al narcotráfico todos esos delitos hasta convertirlos en grandes negocios sumados al narcotráfico. Y se apoderaron de otros campos de actividad económica de producción y comercialización de bienes. Un caso típico fue el de la Familia Michoacana, con “La Tuta” (ahora encarcelado) que robaba mineral de fierro y lo exportaba a China por el puerto de Lázaro Cárdenas.

Los pleitos por el control territorial y de mercados en México se transformó en un grave problema del crimen que afectó a muchas poblaciones. Y así se fueron extendiendo los asesinatos y batallas entre los grupos de sicarios de cada cártel. Y nacieron grupos dedicados a proteger a algunos de ellos, como el de los Zetas, que luego se ha dedicado al narcotráfico y otros delitos ya por su cuenta, aumentando las luchas armadas y asesinatos entre los sicarios de los diversos cárteles, unos muy grandes y otros menores, y algunos de éstos crecieron para competir con los anteriores, como es el caso del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Y así llegamos a la situación actual, los cárteles de la droga son ahora, por sus muy diferentes campos de delito delincuencia organizada, dentro de los cuales el narcotráfico es solamente uno de ellos.

En su afán de asegurar de tener control territorial y de mercado, y de conseguir impunidad, la delincuencia organizada se fue metiendo cada vez más en el control y connivencia de la política, hasta llegar a la grave situación actual de confabulación entre altas autoridades y capos de la delincuencia empoderada.

Todo esto nos lleva a dos visiones y acciones diferentes sobre dicha delincuencia organizada, en especial de los grandes cárteles, y me refiero a cómo la ven el gobierno de los Estados Unidos y el de México, y no solamente los gobiernos sino las respectivas poblaciones.

A los Estados Unidos le preocupa el narcotráfico desde México, como productor o como medio de paso de Sudamérica y su afectación a la población estadounidense. Nada más. Y las presiones del gobierno de Trump son frenar el tráfico hacia ellos pero los demás crímenes como la propia distribución en México y otros países les tienen sin cuidado, es decir los otros delitos como el secuestro, la extorsión y el cobro de piso.

A Estados Unidos le preocupa sobremanera el concubinato entre la alta política mexicana y los cárteles, porque eso afecta a los intereses americanos del tráfico de drogas, y porque pone en peligro la seguridad desde su vecino del Sur, México. Y por estos dos motivos, el control político y el trasiego de drogas hacia ellos es que presionan al gobierno mexicano a combatir a los cárteles de la droga y terminar la asociación de los cárteles con el gobierno morenista. Hasta allí.

Pero los mexicanos tenemos otros problemas del crimen organizado que no son del interés estadounidense, y es tanto el narcotráfico interior en México como todos los otros delitos: el control territorial y político que nos afecta gravemente, la enorme inseguridad producto de la política de “abrazos, no balazos”, las extorsiones, los secuestros, los homicidios tanto de sus sicarios y socios como de inocentes. Y el tal cobro de piso, un delito que ha sido replicado por la delincuencia común, mucha ajena al narcotráfico, bajo la penosa razón de que si los grandotes pueden hacerlo, también nosotros.

De allí las dos visiones sobre la delincuencia organizada entre México y Estados Unidos. Trump y sus gente quieren abatir el tráfico de drogas hacia su país, y que la preocupación de que el gobierno mexicano está coludido con los delincuentes y que eso le impide combatirlos. A Ellos les preocupa que México termine completamente controlado por los criminales y que eso afecta su seguridad nacional, los demás, la delincuencia común y el negocio de enervantes interior y todos los otros delitos no dan muestras de que también les interesen.

En cambio, los mexicanos tenemos muchos problemas de delincuencia, tanto del narcotráfico interior y de exportación y trasiego como de todos esos delitos que se han convertido en pesadillas de la población nacional. Y ante la más que evidente connivencia entre capos y políticos empoderados, la preocupación es que no se ven esfuerzos para abatir todos esos crímenes.

La inseguridad nacional sigue cobrando víctimas, y peor cuando la presidente Sheinbaum declara absurdamente que hacer la guerra al narco ¡es delito! Y ver cómo siguen la política de “abrazos, no balazos” de Amlo la angustia de inseguridad familiar y comunitaria sigue presente. El combate que la Secretaría de Seguridad federal hace es más que insuficiente para reducir sensiblemente las actividades de los grandes cárteles y de los demás de menor escala y de la delincuencia común encarrerada.

Dos visiones diferentes pues, la de Estados Unidos que se preocupan por su drogadicción proveniente del extranjero y su seguridad nacional desde su frontera Sur. Y los mexicanos nos quedamos con eso y todo lo demás, ante la inacción gubernamental. Aplica de nuevo la vieja frase de García Naranjo (atribuida a Porfirio Díaz) de “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

@siredingv

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