martes, enero 27, 2026
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Cárteles Empoderados: Sheinbaum en Aprietos

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¡Ay, nanita! Si algo nos dejó el sexenio de Andrés Manuel como herencia, fue un país donde los narcos parecen más organizados que el tráfico en hora pico del Periférico. Y no lo digo yo, que soy un simple columnista con pluma sarcástica, sino los gringos, que en su Evaluación Anual de Amenazas de 2025 pintan un panorama donde los cárteles se fortalecieron como nunca bajo el mando de AMLO, controlando vastos territorios desde Sinaloa hasta Michoacán. Imagínense: organizaciones como el CJNG y Sinaloa no solo trafican fentanilo a lo loco, sino que gobiernan pueblos enteros, cobrando «derecho de piso» y hasta decidiendo elecciones locales. El Tío Sam lo ve claro: México es un polvorín, y Trump, con su estilo de toro en cristalería, ya amenaza con tarifas, drones y hasta operativos militares si no se pone orden.

Ahora, la pobre Claudia Sheinbaum –a quien respeto por su temple científico y su intento de navegar este desmadre– está entre la espada del magnate neoyorquino y la pared del tabasqueño que aún opina desde su rancho. Trump exige «resultados verificables» contra los capos, mientras López Obrador, con su mantra de «abrazos no balazos», culpa a los yanquis por el auge de la violencia. ¿Resultado? México presume decomisos de droga y extradiciones en 2025, pero los carteles siguen bailando el jarabe tapatío sobre la soberanía nacional. Sheinbaum intenta un equilibrio: operativos como los recientes y entregas de narcos a EE. UU., más tropas en fronteras, pero ¿bastará para calmar al vecino del norte sin traicionar el legado de su mentor?

Y ni hablemos de la gente de a pie, que ya no aguanta. La última encuesta del INEGI, fresquecita de diciembre 2025, revela que el 63.8% de los mexicanos en ciudades se sienten inseguros en su propio barrio: 69.4% de las mujeres y 57.1% de los hombres andan con el Jesús en la boca al salir de casa. Es un reclamo ensordecedor: «¡Ya basta de promesas, queremos paz!» Pero con narcos mandando y políticos enredados en geopolítica, ¿quién diablos va a escuchar? Este desafío no es broma; es un coctel molotov que podría explotar si no se actúa con cabeza fría. Mientras tanto, nosotros, los de abajo, seguimos esquivando balas y sarcasmos.

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