jueves, enero 22, 2026
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Morena: Sindicatos y aliados electorales con exigencias políticas

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¡Ay, nanita! En las catacumbas de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anda como hormiguita, tejiendo acuerdos para su reforma electoral. Pero ¡zas!, lo que parecía un paseo por el parque se ha convertido en un tianguis de demandas. No solo los aliados de siempre, PT y PVEM, que ya andan pidiendo gubernaturas para 2027 como si fueran dulces en piñata, sino que ahora entran en escena los sindicatos recién afiliados a Morena. ¡Como en los buenos tiempos del PRI, cuando los charros sindicales mandaban más que el presidente!

Fíjense: según reportes frescos de El País y El Financiero, los petistas y verdes ven la reforma como un capricho innecesario. «¿Para qué cambiar si ya controlamos todo?», dicen, resistiéndose a recortes en financiamiento público y plurinominales, que les dan su tajada de poder. Sheinbaum, con su estilo conciliador, ha tenido que reunirse con líderes como Alberto Anaya del PT y hasta con la secretaria Rosa Icela Rodríguez para calmar las aguas. Al final, se comprometen a apoyar, pero con condiciones: no toquen sus curules de regalo.

Y aquí viene lo jugoso: Morena está abriendo las puertas a sindicatos masivamente, como si fuera una fiesta de bienvenida. Estos gremios, que ayer gritaban contra el sistema, hoy piden candidaturas para influir en políticas y presupuestos. ¡Puro estilo priísta! Analistas como Salvador Camarena en El Financiero advierten que los morenistas puros podrían acabar en minoría dentro de su propio changarro, desplazados por estos nuevos inquilinos, más los ex priístas con sus mañas electoreras y ex panistas que traen contactos con la derecha rancia.

Es irónico, ¿no? La «cuarta transformación» prometía barrer con el corporativismo, pero ahora revive el fantasma de Fidel Velázquez. «Es un honor estar con Obrador», cantan, pero en realidad es «es un honor negociar mi hueso». Sheinbaum, con respeto, navega este mar de ambiciones para reducir costos electorales y mantener la autonomía del INE, pero ¿logrará que no se le convierta en un Frankenstein político?

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En fin, mientras la reforma avanza a tropezones hacia febrero, los aliados exigen su parte del pastel. Si no, adiós coalición para 2027. ¡Qué bonito es lo bonito, pero qué caro sale!

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