lunes, enero 19, 2026
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Sabías que las misiones Artemis son un cambio de paradigma respecto a las Apolo

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El impacto de las misiones Artemis debe analizarse en varios planos —científico-tecnológico, geopolítico, cultural y epistemológico— y no puede reducirse únicamente a si “convencerán” a quienes niegan las misiones Apolo. De hecho, uno de los aprendizajes clave de las últimas décadas es que el progreso científico y la aceptación pública de ese progreso no evolucionan necesariamente al mismo ritmo.

1. Artemis no es una repetición de Apolo, sino un cambio de paradigma

Apolo fue un programa de demostración de capacidad: llegar primero, volver con vida y hacerlo bajo una lógica de competencia geopolítica. Artemis, en cambio, persigue presencia sostenida. Sus objetivos incluyen:

  • Infraestructura orbital (Gateway),

  • Estancias prolongadas en la superficie lunar,

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  • Uso de recursos in situ (ISRU),

  • Validación de tecnologías críticas para Marte.

Esto desplaza el foco desde el “gesto heroico” hacia la construcción de un ecosistema cislunar, algo menos espectacular a corto plazo pero mucho más relevante a largo plazo.

2. El efecto sobre las teorías conspirativas será marginal

Desde un punto de vista epistemológico, Artemis no está diseñada para refutar el negacionismo de Apolo, y difícilmente lo logrará. Las teorías conspirativas de este tipo no se sostienen por falta de datos, sino por:

  • Desconfianza estructural en las instituciones,

  • Alfabetización científica limitada,

  • Ecosistemas mediáticos cerrados que refuerzan creencias previas.

Es razonable anticipar que:

  • Algunos negacionistas negarán también Artemis,

  • Otros aceptarán Artemis y reinterpretarán Apolo como “el verdadero primer alunizaje”,

  • El núcleo duro permanecerá inalterado.

Esto no invalida el programa. Simplemente confirma que la ciencia no puede supeditarse a la persuasión de posiciones ideológicas impermeables a la evidencia.

3. Donde Artemis sí puede tener impacto: comprensión indirecta

El valor cultural de Artemis no está tanto en “probar que fuimos a la Luna”, sino en:

  • Mostrar procesos científicos en tiempo real, con transparencia inédita,

  • Normalizar la exploración espacial como actividad continua y no excepcional,

  • Integrar a actores internacionales y comerciales, diluyendo la narrativa de “hazaña secreta de una superpotencia”.

En este sentido, Artemis puede mejorar la comprensión pública no por confrontación, sino por exposición prolongada y acumulativa.

4. El problema de fondo: la percepción de utilidad

La falta de comprensión sobre la importancia de estas misiones no es nueva. Apolo ya fue criticado en su momento como un despilfarro. Artemis enfrenta un reto similar, agravado por:

  • Crisis económicas, climáticas y sociales concurrentes,

  • Dificultad para comunicar beneficios a largo plazo en sociedades orientadas al corto plazo.

Aquí el desafío no es técnico, sino narrativo y político: explicar que la exploración lunar es una infraestructura estratégica, comparable a internet, GPS o la investigación básica en energía y materiales, cuyos retornos no son inmediatos pero sí estructurales.

5. Conclusión

Artemis no “cerrará el debate” sobre Apolo ni convencerá a todos. Y no necesita hacerlo. Su impacto real se medirá en:

  • La consolidación de una presencia humana más allá de la Tierra,

  • El desarrollo de capacidades clave para la exploración del sistema solar,

  • La redefinición de la relación entre ciencia, Estado y sector privado.

Si fracasa, será por razones presupuestarias, políticas o técnicas.

Si tiene éxito, lo hará independientemente de que persistan teorías conspirativas, que son, en última instancia, un fenómeno social ajeno al avance del conocimiento científico.

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