Reforma electoral: AMLO en modo PRI y oposición en modo AMLO

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La iniciativa gubernamental de reforma electoral ya terminada tiene una lectura en el escenario de los contrasentidos:

Andrés Manuel López Obrador, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el exdirigente comunista Pablo Gómez Álvarez provienen de luchas contra el modelo autoritario priista, pero promueven una modificación del régimen electoral para restaurar el modelo PRI.

Y la hoy oposición prianredista estará protestando desde las calles para una reforma democrática como la de AMLO-CSP-PCM en sus tiempos opositores.

Aunque el movimiento estudiantil fue básicamente antiautoritario, la presencia del Partido Comunista Mexicano exhibió la necesidad de que el régimen tendría que abrirse a las nuevas corrientes ciudadanas democráticas no-priistas y la lucha tuvo que pasar por la guerrilla revolucionaria rupturista y llegar a la reforma política de 1977 que abrió la competencia electoral a nuevos partidos, entre ellos el propio PCM.

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Y el activista disidente Andrés Manuel López Obrador utilizó la movilización ciudadana a través de caminatas por toda la República para protestar contra el autoritarismo del PRI en el poder que desde 1987 hasta el 2000 y el PRI batalló de manera legal e ilegal y autoritaria y represiva para impedir el avance de la oposición en cargos de elección popular.

La crisis de 1988 con el fraude electoral del candidato priista Carlos Salinas de Gortari y su brazo operador de fraudes electorales en la figura de Manuel Bartlett Díaz como secretario de Gobernación condujo a la reforma electoral que creó el IFE como la misma gata revolcada de la Comisión Federal Electoral, solo que a partir de 1990 hasta la reforma del INE de 2014 con una autoridad electoral y consejeros ciudadanos controlados por el PRI y el PAN para frenar desarticular el cardenismo de 1988 y posteriormente frenar desde el 2006 el avance en la lucha electoral e institucional del disidente López Obrador.

Como gobierno con mayoría calificada de dos terceras partes del Congreso, Morena ya dejó entrever que su iniciativa de reforma electoral no se basa en la lucha disidente de 1968 a 2018, sino que en pocas palabras va a proponer la restauración del viejo modelo de control gubernamental de las elecciones y de la autoridad electoral a través de una estructura organizadora de votaciones funcional al objetivo de Morena de reproducir el reinado priista de 1929 al 2000 ahora más allá del 2030.

La oposición actual, que está formada por quienes fueron los beneficiarios de la alianza PRI-PAN 1929-2018 con un PRD prianizado, pasó a retomar las banderas de la oposición antipriista 1987-2018 para exigir una verdadera la reforma electoral democrática que impidiera el regreso al sistema de partido único-hegemónico-dominante de mayoría priista apuntalada en el viejo régimen con la política de bienestar que sustituyó a la democracia y ahora con el modelo de Morena basado en la contrarreforma de Miguel Alemán en su modificación del artículo 3 constitucional en 1947 para darle prioridad al bienestar social por encima de la democracia.

Esta oposición pospriista mostró ya parte de su músculo social en las calles con movilizaciones en 2023 y 2024 para defender sus exigencias democráticas que el régimen de López Obrador de manera muy ostentosa desdeñó como gobierno surgido de las marchas de protestas democráticas. Los mítines en defensa del INE y contra la reforma judicial lograron la concurrencia desde decenas de miles de ciudadanos en la plaza de la Constitución, pero no alcanzaron a concretar estas expresiones en votos formales contra los candidatos de Morena.

En este contexto, hay indicios de que la oposición pospriista podría estar reproduciendo en toda su dimensión comparativa en circunstancias diferentes las marchas por la democracia que popularizó López Obrador como único mecanismo para socializar su descontento contra la estructura electoral priista-panista que facilitó el período presidencial opositor 2000-2018, sobre todo si se recuerdan las bases sociales que protestaron contra la candidatura prianista de Peña Nieto desde la rebelión juvenil del movimiento #YoSoy132 en la Universidad Iberoamericana hasta las protestas masivas de López Obrador ya fuera del PRD y al frente de su corriente morenista.

En este contexto se percibe el contrasentido histórico: los líderes opositores del pasado que protestaban contra la estructura electoral de dominio priista van a presentar esta vez un modelo de votaciones de Morena que reproduce el esquema que facilitó la hegemonía del PRI de 1929 al 2018, en tanto que el PRI, el PAN y la ciudadanía conservadora que quiere una democracia real tendrán que salir a las calles en modo PCM-AMLO para denunciar primero, desenmascarar después y movilizar finalmente a la sociedad no morenista a favor de una reforma electoral como la que propusieron en su momento el PCM de Pablo Gómez Álvarez, la Corriente Democratizadora de Cuauhtémoc Cárdenas y las marchas por la democracia de López Obrador. 

Política para dummiesla política, ya se ve, sirve lo mismo para un barrido que para un fregado.

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