En Morena insisten en culpar al pasado, evidenciando su incapacidad

La retórica de atribuir problemas actuales a administraciones anteriores ha sido un rasgo distintivo del partido Morena en México, una práctica que, según analistas, podría revelar tanto una estrategia comunicativa como limitaciones en la resolución de desafíos estructurales. Esta narrativa, popularizada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, se mantiene bajo la administración de Claudia Sheinbaum, quien asumió el cargo en octubre de 2024. Críticos argumentan que este enfoque no solo sirve como pretexto para demoras en soluciones, sino que expone una posible ineptitud en el manejo de responsabilidades gubernamentales, generando debates sobre la efectividad real de la llamada «Cuarta Transformación».

En 2025, ejemplos abundan. Durante una conferencia en febrero, Sheinbaum atribuyó el deterioro de la industria petroquímica de Pemex al «modelo neoliberal» de gobiernos previos, anunciando planes para su recuperación sin detallar plazos concretos. Similarmente, en noviembre, ante críticas por la persistente violencia, la presidenta y sus aliados continuaron señalando herencias pasadas, a pesar de mantener estrategias militarizadas similares a las de sus antecesores. En abril, el gobierno reconoció una caída económica vinculada a la «incertidumbre» generada por políticas externas, como las de Donald Trump, desviando el foco de factores internos. Estos casos ilustran cómo Morena emplea el pasado como explicación recurrente para issues como la inseguridad, que registró un repunte en homicidios en regiones como Sinaloa y Guerrero, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, con más de 30,000 casos reportados hasta septiembre de 2025.

Esta táctica invita a la polémica al cuestionar si representa una evasión de responsabilidad o una herramienta ideológica para cohesionar bases electorales. Por un lado, defensores de Morena sostienen que reconocer fallos históricos es esencial para justificar reformas radicales, como la disolución de agencias autónomas en noviembre de 2024, vista por algunos como un paso hacia mayor transparencia, pero criticada por otros como un retroceso democrático que debilita controles institucionales. Analistas independientes, como los del Centro de Estudios Políticos de la UNAM, argumentan que esta narrativa perpetua una polarización que distrae de avances concretos, fomentando percepciones de estancamiento. En encuestas de Parametría en diciembre de 2025, el 55% de los mexicanos aprueba la gestión de Sheinbaum, pero el 42% considera que el gobierno evade problemas actuales al enfocarse en culpas pasadas.

Económicamente, esta aproximación se evidencia en el manejo de la corrupción: pese a promesas de erradicación, informes de 2025 destacan la renuencia a sancionar a gobernadores afines, perpetuando clientelismo heredado. La controversia radica en si esta retórica enmascara ineficiencias, como en la respuesta a protestas juveniles en noviembre, donde el gobierno atribuyó desórdenes a «fuerzas externas» en lugar de abordar demandas internas. Opositores ven aquí una admisión implícita de limitaciones, mientras que simpatizantes la interpretan como defensa contra ataques conservadores.

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En resumen, la persistencia en culpar al pasado podría erosionar la credibilidad de Morena si no se complementa con resultados tangibles. Este patrón, extendido a temas como la soberanía frente a presiones estadounidenses, genera un debate nacional sobre si fortalece la transformación o evidencia barreras para un progreso efectivo. La polémica persiste: ¿es una estrategia astuta o un signo de gobernabilidad deficiente?

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