jueves, marzo 19, 2026
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Triunfo: Chats Privados No Son Prueba

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¡Al fin un respiro para la cordura digital! La Sala Superior del TEPJF acaba de revocar esa sentencia absurda contra Emma Zermeño, la activista y funcionaria sinaloense que terminó con una sanción encima por lo que escribió en un chat privado de WhatsApp. Imagínense: criticar a una diputada –en este caso, Almendra Negrete– en una conversación de confianza con un amigo, y pum, te cae encima una acusación de violencia política de género simbólica, con multa de cientos de miles y disculpa pública obligatoria. ¿En serio? Parecía que el Tribunal de Sinaloa y la Sala Regional de Guadalajara querían convertir el WhatsApp en una cámara de torturas judicial.

El magistrado Felipe de la Mata Pizaña, tras el escándalo y la presión pública, dio marcha atrás y propuso –y se aprobó– que esas capturas de pantalla no valen como prueba porque violan la inviolabilidad de las comunicaciones privadas. La Constitución no es letra muerta: lo que platicas en tu cel con un cuate no es material para que te sancionen electoralmente. Punto. Activistas de libertad de expresión y defensores de derechos digitales lo celebran como un triunfo rotundo contra la censura disfrazada de protección de género. Porque si hoy te castigan por un “pinche” o una crítica fuerte en privado, mañana cualquier chat filtrado –y en México las filtraciones son deporte nacional– te puede mandar al bote o al desempleo.

Claro, hay quienes defienden el uso de esos mensajes argumentando que la violencia simbólica no respeta fronteras públicas o privadas, y que proteger a las mujeres en política justifica todo. Pero, ¿de verdad? ¿Vamos a permitir que un tribunal meta la mano en tu intimidad digital solo porque alguien se sintió ofendido por lo que dijiste en confianza? Eso huele a control, no a justicia. Emma Zermeño no es una santa –nadie lo es–, pero meterse en chats ajenos para castigar opiniones es abrir la puerta a un abuso brutal. Imagínense el precedente: “Oye, wey, no votes por fulanita porque es X”, y zas, te cae VPG.

Este fallo manda un mensaje clarito: la privacidad cuenta, las capturas chuecas no valen y la libertad de expresión no se acaba cuando cierras el chat. Para los que andan con el dedo en el gatillo de las denuncias por VPG, un aviso: piénsenlo dos veces antes de usar el WhatsApp como arma política. Hoy ganó el sentido común, y ojalá se mantenga.

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