Tequilero Asesinado, Silencio Oficial

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¡Órale, qué pinche país este! Mientras todo el mundo anda revuelto con la captura de Maduro –que hasta la presidenta Sheinbaum sacó tiempo para tuitear sobre soberanía y no injerencia–, aquí en Jalisco, un empresario decente como José Adrián Corona Radillo termina baleado y tirado a un lado de la carretera en Atenguillo, y ni madres de condolencias oficiales. El pobre don Adrián, presidente de Grupo Corona, iba tranquilito con su familia rumbo a Puerto Vallarta el 26 o 27 de diciembre, cuando unos cabrones armados lo interceptan en el crucero Volcanes, le quitan celulares y chucherías a todos, dejan a la esposa e hijos en paz y se lo llevan a él. Dos días después, el 29, lo encuentran sin vida: golpes por todos lados y un plomazo que no perdona.

La Fiscalía de Jalisco confirmó todo, entregó el cuerpo a la familia el 1 de enero para que lo despidieran como Dios manda, y ahí quedó la cosa. Ni un comunicado del gobernador, ni una palabra de la presidenta, que anda bien ocupadita defendiendo a dictadores lejanos en vez de poner ojo en la inseguridad que nos está comiendo vivos aquí cerquita. ¿Será que un tequilero honesto, que daba chamba a un chorro de gente en Tonaya y era conocido por su generosidad –hasta las mujeres empresarias lo alababan por emplear a tantas jefas–, no merece ni un «lo lamentamos profundamente»?

Y en redes, pues ni se armó el escándalo que merecía. Unos cuantos posts, unas notas en periódicos, y ya. Como si matar a un empresario que producía tequila de calidad –ese que nos hace famosos en el mundo– fuera nomás otra estadística en este desmadre de violencia. ¿Dónde queda la indignación selectiva, eh? Cuando conviene, todos a gritar al cielo; cuando es un mexicano trabajador baleado en su propia tierra, silencio de tumba.

Don Adrián era de los buenos: tercera generación familiar, altruista, padre y amigo, según sus conocidos. Merecía más que un final así de mierda y un olvido tan rápido. Ojalá las autoridades muevan el culo y atrapen a los responsables, porque si no, ¿pa’ qué chingados sirven? Descansa en paz, compa. Nosotros seguimos brindando con tu tequila, pero con un trago amargo.

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