El acrónimo TACO, que significa «Trump Always Chickens Out» (Trump Siempre Se Acobarda), ha emergido como un concepto clave para entender la dinámica decisoria del presidente Donald Trump en su segundo mandato. Acuñado en círculos financieros de Wall Street, describe el patrón recurrente en el que Trump emite amenazas agresivas, anuncia medidas drásticas —como aranceles o intervenciones—, para luego retractarse o concesionar ante presiones, generando un resultado que a menudo mitiga el impacto inicial. Este término, popularizado en 2025 durante disputas comerciales, se ha extendido a políticas exteriores y domésticas, destacando una estrategia que algunos interpretan como imprevisibilidad y otros como táctica negociadora.
El exembajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhan, ha analizado recientemente estos patrones en un contexto de un año de gobierno trumpista, identificando cuatro escenarios principales donde Trump tiende a recular o recurrir al TACO. Primero, la resistencia generalizada de republicanos alineados con el movimiento MAGA y sus aliados, quienes, aunque leales, pueden oponerse cuando perciben riesgos a su base electoral. Segundo, la inestabilidad en los mercados financieros, particularmente en los de bonos, donde caídas bursátiles presionan por reversión para evitar daños económicos mayores. Tercero, la oposición unificada y firme de adversarios que confrontan sin dramatismo ni concesiones prematuras, optando por la unidad en lugar de negociar o ceder; Sarukhan subraya aquí una lección para gobiernos como el mexicano, sugiriendo que la complacencia podría perpetuar vulnerabilidades. Cuarto, el escepticismo de voces mediáticas conservadoras que logran filtrarse en la burbuja informativa aislada de Trump, como comentaristas de Fox News que cuestionan narrativas oficiales.
Ejemplos ilustran esta dinámica. En el caso de Groenlandia, Trump amenazó con fuerza militar, pero retrocedió ante la unión de líderes europeos, la desconfianza de aliados MAGA en el continente y el desplome de mercados globales. Similarmente, en operaciones antiinmigrantes en Minneapolis, críticas internas de republicanos y figuras mediáticas como Maria Bartiromo llevaron a un suavizamiento de posturas, con Trump delegando autoridad para desescalar. Estos casos, según Sarukhan, forman un «manual» para influir en Trump cuando dos o más factores convergen.
El análisis genera debate. Una postura crítica ve el TACO como evidencia de debilidad estructural: Trump inicia conflictos sin preparación, generando caos económico y diplomático innecesario, lo que erosiona credibilidad estadounidense y fomenta polarización. Analistas como Robert Armstrong, del Financial Times, destacan cómo este ciclo beneficia a inversores oportunistas pero perjudica a economías interdependientes, como la mexicana, expuesta a aranceles volátiles. En contraste, defensores de Trump, incluido el propio presidente, lo presentan como «negociación inteligente»: amenazas sirven para forzar concesiones de contrapartes, logrando objetivos sin costos plenos, como en pausas tarifarias que estabilizan mercados tras ganancias iniciales.
Esta dualidad invita a polémica, especialmente en relaciones bilaterales como México-Estados Unidos, donde la confrontación firme podría alterar dinámicas de poder, pero riesgos de escalada persisten. En un entorno polarizado, el TACO resalta tensiones entre impulsividad ejecutiva y presiones sistémicas, cuestionando si representa astucia o inconsistencia. Sarukhan insta a observar estos patrones para navegar futuras crisis, priorizando unidad y datos sobre retórica.






































