México cierra el penúltimo mes de 2025 con una noticia que sacude las estadísticas de seguridad: el delito de secuestro ha registrado una caída estrepitosa del 60% en comparación con el año pasado. Durante noviembre, las autoridades contabilizaron apenas 65 casos a nivel nacional, una cifra que contrasta drásticamente con los 163 reportes registrados en el mismo mes de 2024. Este desplome representa uno de los niveles más bajos de incidencia para este delito en la historia reciente del país.
Este descenso no es un hecho aislado del mes de noviembre. Al analizar el panorama completo del año, la tendencia a la baja se confirma con solidez. Entre enero y noviembre de 2025, el acumulado nacional de secuestros suma 665 incidentes, lo que representa una reducción del 22% respecto a los 849 casos reportados en el mismo periodo del año anterior. Estas cifras, extraídas de los reportes oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, sugieren un alivio en uno de los delitos que más lastiman el tejido social y la percepción de seguridad de la ciudadanía.
Sin embargo, el mapa delictivo de México sigue mostrando contrastes profundos que exigen la atención de la clase política y los expertos en seguridad. Mientras que estados como Aguascalientes, Coahuila, Durango y Yucatán logran mantener un «saldo blanco» sin registros de este delito en los periodos recientes, otras entidades federativas concentran la mayor parte de la actividad criminal.
De acuerdo con el desglose por estados, Chihuahua se mantiene como el foco rojo principal, encabezando la lista con 212 casos en lo que va de la actual administración federal. Le siguen Chiapas con 70 reportes y la Ciudad de México con 67. Llama la atención que estas tres entidades, por sí solas, agrupan cerca del 37% de los 938 casos totales que se han reportado en el presente sexenio. Esta centralización del delito sugiere que, aunque el promedio nacional baja, las estrategias locales en estos puntos clave aún enfrentan retos mayúsculos para desarticular a las bandas dedicadas al rapto.
Al observar la panorámica histórica, la mejoría es todavía más notable. En el año 2019, México vivió uno de sus puntos más críticos en materia de secuestro, alcanzando un pico de 1,533 casos acumulados hacia finales de año. Comparado con aquel momento, el escenario de 2025 muestra una reducción de más del 50% respecto a los peores años de la crisis de seguridad. Durante la administración anterior se acumularon más de 5,800 secuestros, estableciendo un techo que el actual gobierno está logrando alejar gradualmente.
A pesar de estas cifras alentadoras, el reporte de noviembre también lanza una señal de alerta: aunque la cifra de 65 casos es baja respecto al año pasado, representa un ligero repunte frente a los 51 casos registrados en octubre de 2025. Este pequeño incremento mensual recuerda que el control de este delito requiere vigilancia permanente. La reducción del secuestro en México parece ser una realidad estadística, pero el desafío para las autoridades será garantizar que esta tendencia sea permanente y que los «focos rojos» de la frontera y la capital finalmente logren la tranquilidad que hoy gozan otros estados del país.


































