Imagínate: durante décadas, los expertos creían que en el centro de galaxias activas como Circinus, a unos 13 millones de años luz de nosotros, el material caliente y polvoriento cerca del agujero negro salía disparado hacia afuera en forma de chorros o flujos. Pero Webb, con su ojo infrarrojo súper potente, ha dicho: «¡Para nada!».
Resulta que el 87% de la luz infrarroja que vemos viene del polvo caliente justo al lado del agujero negro, alimentándolo como un festín cósmico, mientras que los flujos representan menos del 1%. El resto, un 12%, sale de zonas más lejanas que antes no podíamos separar. Esto es enorme porque desde los 90, nadie explicaba ese exceso de luz infrarroja en los núcleos de estas galaxias. Los modelos solo miraban el «toro» de polvo o los chorros, pero no cuadraban las cuentas. Ahora, gracias a Webb, todo encaja: el agujero negro se está cebando con ese material cercano, no expulsándolo.
Y lo más loco es cómo lo lograron. Usaron una herramienta genial llamada Aperture Masking Interferometer en el instrumento NIRISS de Webb. Básicamente, convirtieron el telescopio de 6.5 metros en uno virtual de 13 metros, duplicando la resolución en una zona pequeña del cielo. Es la primera vez que un interferómetro infrarrojo funciona en el espacio fuera de nuestra galaxia. «Es como observar con un súper telescopio», dijo Joel Sanchez-Bermudez, coautor del estudio. La imagen que sacaron es la más nítida jamás de los alrededores de un agujero negro, publicada en Nature esta semana.
Esto no es solo un descubrimiento chulo; cambia el juego para entender cómo crecen estos monstruos cósmicos. En Circinus, el disco de acreción es moderadamente brillante, por eso domina el toro de polvo. Pero en agujeros más potentes, quizás los chorros manden más. Los científicos quieren estudiar una docena o dos de ellos para ver patrones: ¿cómo se relaciona la masa, los flujos y el poder de cada uno? Enrique Lopez-Rodriguez, el autor principal, lo tiene claro: necesitamos muestras grandes para mapear esto.
Piensa en lo alucinante: Webb no para de sorprendernos. Desde su lanzamiento, ha revelado galaxias tempranas, exoplanetas y ahora esto. ¿Y si aplica a nuestro propio agujero negro en la Vía Láctea? O a fusiones detectadas por ondas gravitacionales hace poco. El universo es un rompecabezas infinito, y Webb nos da piezas nuevas cada día. Si te pica la curiosidad, este avance abre puertas a misterios que ni imaginábamos.


























