En 2025, México registró un total de 65,993 denuncias por robo a negocios, lo que representa una disminución del 10% en comparación con el año anterior. Estas cifras consolidan una tendencia descendente que se ha mantenido después de que el delito alcanzara su punto máximo histórico en 2018.
El cierre de año también mostró señales de desaceleración. Solo durante el mes de diciembre de 2025 se reportaron 5,223 casos, una caída anual del 6% respecto al mismo mes de 2024. A pesar de esta mejora general en los indicadores nacionales, la problemática mantiene una fuerte concentración territorial y disparidades críticas en el riesgo que enfrentan los ciudadanos dependiendo de su ubicación.
Los focos rojos del comercio La incidencia delictiva no se distribuye de manera uniforme en el país. El Estado de México, la Ciudad de México y Guanajuato concentraron, por sí solos, el 42% de todos los robos a negocios registrados en lo que va del sexenio 2024-2030. Esta cifra confirma que el fenómeno sigue siendo altamente localizado en zonas de gran actividad económica y densidad poblacional.
Sin embargo, al ajustar los datos por la tasa de habitantes para medir el riesgo real, el panorama cambia. Aguascalientes, Querétaro y la Ciudad de México lideran las tasas más altas de robo por cada millón de habitantes. Esta presión intensa sobre las economías urbanas sugiere que, aunque el volumen total de delitos es mayor en estados más grandes, la probabilidad de ser víctima es superior en estas entidades con alta concentración urbana.
El reto de la seguridad urbana El reporte histórico destaca que, tras un crecimiento sostenido que culminó en 2018, la curva delictiva ha comenzado a ceder. No obstante, para los pequeños y medianos empresarios, el robo a sus establecimientos sigue siendo una de las principales preocupaciones que afectan la estabilidad de sus ingresos y la seguridad de sus empleados.
La tendencia actual plantea un desafío para las políticas de seguridad en el inicio del actual sexenio, especialmente en los estados que presentan una mayor «presión intensa» sobre sus sectores comerciales. El monitoreo de estas cifras será clave para determinar si las estrategias de prevención logran mantener el ritmo de descenso o si la concentración en ciertos territorios requiere intervenciones focalizadas para proteger el motor económico del país.



































