miércoles, enero 28, 2026
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Petróleo mexicano a Cuba: problema en múltiples dimensiones

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El envío de crudo mexicano a Cuba se ha consolidado como un punto neurálgico en la agenda de política exterior y económica de México, entrelazando la soberanía energética, la asistencia humanitaria y la compleja relación trilateral con Estados Unidos. En el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, esta práctica ha pasado de ser una cooperación histórica a un factor de alta tensión geopolítica.

Un suministro en el ojo del huracán

Históricamente, México ha mantenido una postura de solidaridad con la isla, fundamentada en la Doctrina Estrada y la oposición al bloqueo económico. Sin embargo, bajo la actual administración, México ha desplazado a Venezuela como el principal proveedor de hidrocarburos de Cuba. Datos recientes indican que, entre enero de 1993 y finales de 2025, las exportaciones petroleras a la isla suman aproximadamente 1,947 millones de dólares, de los cuales más de la mitad se han registrado en el último periodo.

Este volumen de suministro no es solo una cuestión de volumen, sino de calidad. México exporta crudos ligeros (como el Istmo), esenciales para las obsoletas refinerías cubanas que no pueden procesar crudos pesados. Esta dependencia convierte a Petróleos Mexicanos (Pemex) en un actor crítico para la estabilidad del sistema eléctrico cubano, afectado por apagones crónicos.

 

La dimensión económica: Contratos y condonaciones

Uno de los ejes más controvertidos es la viabilidad financiera de estos acuerdos. Críticos y analistas señalan un patrón de «pérdidas crónicas» para la hacienda pública mexicana. Los mecanismos suelen involucrar contratos con precios de mercado que, ante la incapacidad de pago de Cuba por falta de divisas, terminan acumulando deudas que se reestructuran o condonan. Un antecedente significativo ocurrió en 2013, cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto condonó el 70% de una deuda de 487 millones de dólares.

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El gobierno de Sheinbaum defiende estos envíos bajo un marco legal y humanitario, argumentando que México debe apoyar a un pueblo en crisis. No obstante, desde la perspectiva de la oposición y de organismos internacionales, estos recursos representan un costo de oportunidad elevado para un Pemex con finanzas presionadas y una producción doméstica que lucha por alcanzar sus propias metas.

Geopolítica y la «Sombra de Trump»

El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca ha alterado drásticamente el cálculo de riesgos. La administración Trump mantiene una política de «máxima presión» para forzar un cambio de régimen en La Habana, cerrando cualquier vía de financiamiento o suministro energético. En este contexto, los envíos mexicanos son vistos en Washington no como ayuda humanitaria, sino como un salvavidas político al gobierno cubano.

La reciente información de la agencia Bloomberg sobre la suspensión de un cargamento de crudo en enero de 2026 sugiere un posible cambio táctico. Aunque la presidenta Sheinbaum ha evitado confirmar oficialmente una cancelación definitiva, fuentes diplomáticas indican que el gobierno federal evalúa tres escenarios: el cese total, la reducción gradual o el mantenimiento del suministro asumiendo el riesgo de sanciones comerciales o arancelarias por parte de Estados Unidos.

Visiones encontradas: Humanismo vs. Realismo Político

Existen dos posturas claramente definidas en el debate público:

  1. Postura Gubernamental: Defiende la soberanía de México para decidir sus socios comerciales y su política de cooperación. Sostiene que el apoyo energético es un acto ético para evitar el colapso social en Cuba y que se realiza dentro de los márgenes de la ley internacional.

  2. Postura Crítica: Advierte que México no puede permitirse subsidiar a otra nación mientras enfrenta retos internos de seguridad y economía. Argumenta que la ayuda no llega a la población (que sigue sufriendo represión y carestía), sino que oxigena a una estructura de poder, además de poner en riesgo la relación comercial más importante de México: el T-MEC.

Conclusión y Prospectiva

La situación actual coloca a México en una encrucijada. El pragmatismo sugiere que la presión de Washington podría obligar a Pemex a modular sus envíos para evitar represalias económicas que afectarían el crecimiento nacional. Sin embargo, un retiro abrupto del apoyo dejaría a Cuba en una vulnerabilidad energética sin precedentes. La decisión final de la administración Sheinbaum será un indicador clave de cómo México pretende navegar su autonomía política frente a la hegemonía estadounidense en el nuevo ciclo bipolar de la región.

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