sábado, marzo 21, 2026
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¿Ópera o negocio familiar en Bellas Artes?

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La gestión de Marcelo Lombardero en la Compañía Nacional de Ópera enfrenta severas críticas por nepotismo, conflictos de interés y el desplazamiento de talento mexicano frente a una red de colaboradores sudamericanos. Mientras se denuncian maltratos y opacidad presupuestal, el máximo recinto cultural del país parece haberse convertido en un laboratorio personal para intereses privados, de acuerdo a denuncias que nos hicieron llegar personal de este organismo.

La lírica en México atraviesa una de sus crisis más profundas, y no precisamente por la falta de público o de talento, sino por una gestión administrativa que parece haber extraviado la brújula de la ética pública. Bajo la dirección del argentino Marcelo Lombardero, nombrado a finales de 2024, la Compañía Nacional de Ópera (CNO) del INBAL se encuentra bajo el escrutinio debido a una serie de prácticas que favorecen el beneficio personal y de su círculo íntimo, operando bajo el cobijo institucional de la actual administración cultural.

El esquema de la autoprogramación

El caso más reciente y flagrante es el estreno de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, programado para este 22 de marzo de 2026. En un ejercicio de evidente conflicto de interés, Lombardero —en su calidad de titular de la CNO— no solo eligió la obra, sino que fungirá como director escénico de una producción de su propia autoría que ya ha rentado o vendido previamente en otros países.

Este círculo de beneficios se extiende a su entorno familiar y profesional: el diseño de vestuario corre a cargo de su esposa, Luciana Gutman, mientras que la nómina se llena con colaboradores recurrentes de Argentina y Chile. Esta tendencia no es nueva; desde el inicio de su gestión con Lady Macbeth de Mtsensk en 2025, el patrón de contratar a sus allegados con honorarios pagados en dólares, viáticos y transporte, ha sido la norma, marginando a las figuras consolidadas del medio operístico mexicano.

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Autoritarismo y red de favores

La opacidad no se limita a lo artístico. Se han documentado actos de amedrentamiento contra la crítica especializada, como el caso del periodista Mauricio Rábago Palafox. A esto se suman las denuncias contra funcionarias de su confianza, como Lilia Maldonado y Cassandra Zoé Velasco. Esta última, coordinadora del Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA), ha sido señalada por retomar su carrera como cantante en papeles estelares de la temporada, percibiendo pagos adicionales a su salario administrativo.

Más grave aún resultan los señalamientos de exintegrantes del EOBA, quienes acusan malos tratos y la presunta exigencia de dinero de sus becas para financiar proyectos externos. Lombardero ha sido criticado por usar el EOBA como un «laboratorio personal», empleando a los jóvenes becarios en producciones propias para festivales como el Cervantino o Cultura UNAM, mientras él continúa atendiendo compromisos privados en el extranjero.

El olvido del talento nacional

Mientras la actual gestión prioriza el «amiguismo sudamericano», nombres imprescindibles de la dirección orquestal en México como Enrique Diemecke, Enrique Patrón de Rueda o Eduardo Diazmuñoz han sido borrados de la programación de Bellas Artes. Lo que debería ser una plataforma para la excelencia nacional se ha transformado en un monopolio de exclusión que utiliza el presupuesto público para dar lustre a una carrera particular.

A diferencia de otros escándalos políticos, estas irregularidades están a la vista de todos en programas de mano y boletines oficiales, esperando una investigación profunda que devuelva la dignidad al Palacio de Bellas Artes.

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