¡Ay, nanita! En este circo político mexicano, donde los votos valen más que un boleto al Auditorio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anda como quijote luchando contra molinos de nepotismo. Presentó su iniciativa para prohibir que familiares se hereden cargos como si fueran ranchos en el Bajío, pero ¡zas! Sus aliados de Morena, PT y PVEM le metieron tijera: cambiaron la entrada en vigor de 2027 a 2030. «Para que no nos afecte ahorita», dirían en voz baja, mientras se ríen por debajo del bigote.
Y no es chisme de vecindario: ahí tienen a Saúl Monreal, senador morenista, que quiere suceder a su carnal David en la gubernatura de Zacatecas. «La ley no me toca hasta 2030», dice el cuate, desafiando las reglas internas del partido. Su hermano mayor, Ricardo Monreal, le suelta: «Estás viendo la tormenta y no te hincas». ¡Pum! Familia unida, pero dividida por el poder. Respeto al clan Monreal, que ha dado mucho a la política, pero ¿no huele a dinastía medieval?
En Guerrero, Félix Salgado Macedonio, padre de la gobernadora Evelyn, anduvo coqueteando con la idea de relevarla, pero al final se bajó del caballo: «Lo que diga Morena». Bien por él, evitando el escándalo, aunque el aroma a sucesión familiar persiste como chile en el pozole.
Ahora, el Partido Verde en San Luis Potosí eleva la apuesta con su «Ley Esposa»: obligan a postular solo mujeres en 2027, allanando el camino para que Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, herede el trono. Sheinbaum, con su temple científico, pide revisar si eso es constitucional. ¡Fractura en la coalición! Manuel Velasco destapa a Ruth, ignorando las advertencias de la 4T. ¿Paridad de género o truco para nepotismo? Ahí les dejo la polémica, que arde como taquería en viernes.
Y justo cuando Sheinbaum afina su reforma electoral –reduciendo pluris, recortando gastos–, el senador verde Luis Armando Melgar suelta la bomba: «No apoyamos porque no aceptaron nuestras propuestas». ¿Sabotaje verde? Si la iniciativa corre la misma suerte que la antinepotismo, Morena y aliados podrían «ajustarla» para que no les pise los callos. Al final, ¿quién gana? No el pueblo, que ve cómo los políticos se acomodan como en juego de sillas musicales.
En este México nonsanto, el nepotismo es como el PRI: parece muerto, pero revive. Sheinbaum, con su visión transformadora, merece aplausos por intentarlo, pero ¿logrará domar a sus aliados? ¡Órale, raza, a vigilar!





































