¡Ay, nanita! En este circo que llamamos política mexicana, Morena ha convertido el ring en un campo minado, donde los adversarios no son rivales, sino enemigos jurados a los que hay que darles hasta por debajo de la lengua. Gracias al verbo encendido de López Obrador –ese maestro del «nosotros contra ellos»–, el país parece una telenovela de las malas: los buenos (ellos) contra los fifís, los conservadores y cualquiera que ose chistar. ¿Oposición? ¡Ja! Más bien, exclusión total. Los partidos contrarios son tratados como mosquitos en la sopa, y a los críticos se les busca callar con el viejo truco del «traidor a la patria». Polarización al cien, carnales, y no de la que une, sino de la que divide como machete en mantequilla.
Pero ojo, que el apoyo popular de Morena no sale de un amor puro y desinteresado. Según encuestas fresquitas como la de México Elige de diciembre 2025, el 67% de sus fans dice que seguirían votando por ellos aunque les quiten los programas sociales. ¿En serio? Porque en corto, muchos beneficiarios de las becas y pensiones –que sí, han sacado a millones de la jodidez, con 12 millones de adultos mayores recibiendo lana– se quejan amargamente de los gobiernos morenistas. «Nos dan migajas, pero el país se cae a pedazos», murmuran por lo bajo, mientras el discurso oficial ya no cuela como antes. La inflación sigue picando, la inseguridad no afloja, y la economía no brilla como prometieron. En el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, presumen de duplicar salarios y crear empleos, pero la realidad pinta otro gallo: desempleo al 2.5%, sí, pero con trabajos precarios y una percepción de corrupción que huele a podrido.
Y la polarización, ¡uf! Estudios como el de El Colegio de México muestran que en CDMX, Morena arrasa en colonias humildes con más del 50%, mientras la oposición gana en las de «alto copete» por escolaridad. Es el divide y vencerás puro: clases bajas contra medias, chairos contra fachos. Vicente Fox lo dijo claro en X: «Divide y vencerás», y tiene razón, aunque a veces suene a eco del pasado. Pero respetemos al exmandatario; al fin, él vio venir el relajo. Morena ha radicalizado el juego, como esas derechas que describe el libro «Las derechas en México», donde la política se vuelve guerra cultural. ¿Resultado? Un México fracturado, donde el silencio de los disidentes es el premio gordo.
En fin, carnales, si esto sigue así, pronto veremos más batallas que diálogos. ¿Queremos un país unido o uno de trincheras? Porque al final, el pueblo no es tonto: vota con el bolsillo, pero también con el coraje acumulado. ¡Aguas, Morena, que el show debe continuar, pero sin tanto veneno!





































