México: Tierra Fértil para Hackers

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¡Ay, México lindo y hackeado! En esta columna de «DeVotos y otros políticos Nonsanctos», vamos al grano: nuestro país se ha convertido en el patio trasero de los ciberdelincuentes, donde las bases de datos son como piñatas listas para romperse. El último chisme cibernético que anda circulando es el hackeo a Telcel, esa gigante de las telecomunicaciones que guarda los secretos de millones de clientes. Imagínense: nombres, números, direcciones, hasta el historial de llamadas, todo expuesto en foros oscuros de la deep web. En junio pasado, un pilluelo digital filtró datos de 1.8 millones de usuarios y los puso a la venta, como si fuera mercancía en el tianguis. ¿Y para qué? Para que los malandrines del crimen organizado hagan su agosto: extorsiones, fraudes, o peor, rastrear a la gente como en película de espías. ¡Pura carnita asada para los narcos y estafadores!

Pero aquí viene lo chistoso, o mejor dicho, lo tragicómico: el gobierno federal, con su habitual pachorra, actúa como si nada. «Todo bajo control, no hay de qué preocuparse», dicen los de arriba, mientras desestiman las alertas. Y ni hablemos de Ignacio Gómez Villaseñor, ese periodista valiente que se ha convertido en el azote de los ciberdesastres. Él ha destapado hackeos a la UNAM, fiscalías estatales y hasta correos de la rectoría, exponiendo cómo documentos sensibles andan flotando en la red. En lugar de agradecerle por sacar los trapitos al sol, lo intentan desmentir, como si fuera un chismoso de vecindad. «Es un hackeo improvisado», minimizan los expertos oficiales, pero la realidad es que nuestra ciberseguridad es más frágil que un castillo de naipes en ventarrón. ¿Y la transparencia? Bien gracias, pero con la 4T, la transparencia cibernética parece un chiste malo.

¡Órale, señores del poder! Si siguen con esa calma chicha, pronto hasta el padrón electoral estará en manos de quien pague más. Gómez Villaseñor merece respeto por su labor; es de los pocos que nos avisa antes de que nos caiga el chubasco. Mientras tanto, nosotros, los mortales, cambiemos contraseñas como si no hubiera mañana. ¿O qué, nomás esperamos el próximo escándalo? México no es el país de los hackeos por casualidad; es por negligencia pura. ¡Despierten, cabrones, antes de que nos hackeen hasta el alma!

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