El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) presentó recientemente la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) para el cuarto trimestre de 2025, cerrando así el ciclo anual con un crecimiento del 0.5% bajo cifras originales. Este dato permite realizar un balance integral de la trayectoria económica del país durante el periodo comprendido entre 2019 y 2025, marcando el fin de una etapa de transición política y el inicio de la actual administración. Los resultados arrojan un crecimiento acumulado del 5.4% en siete años, una cifra que suscita interpretaciones encontradas entre los analistas económicos y actores políticos.
Desempeño por sectores y coyuntura 2025
Durante el año 2025, la economía mexicana mostró un comportamiento heterogéneo. Mientras que las actividades primarias registraron un crecimiento sólido del 3.7%, las actividades secundarias (industria y manufactura) sufrieron una contracción del 1.3%. Por su parte, el sector servicios o actividades terciarias avanzó un 1.2%.
Este crecimiento anual del 0.5% se da en un contexto de desaceleración global y retos internos de inversión. Para algunos observadores, el hecho de que la economía se mantenga en terreno positivo es una señal de resiliencia frente a choques externos previos. No obstante, para otros, el 0.5% resulta insuficiente para las necesidades de creación de empleo formal y desarrollo de infraestructura que demanda el país.
El acumulado 2019-2025: Debates sobre el crecimiento
Al analizar el crecimiento acumulado del 5.4% en el periodo de siete años que abarca la gestión de Andrés Manuel López Obrador y el inicio de Claudia Sheinbaum, se observan dos posturas predominantes:
Perspectiva Crítica: Analistas financieros destacan que un crecimiento promedio anual inferior al 1% es de los más bajos en las últimas décadas. Señalan que factores como la incertidumbre jurídica, la cancelación de proyectos de inversión y la gestión de la pandemia de COVID-19 frenaron el potencial del país.
Perspectiva Institucional: El gobierno y sus simpatizantes argumentan que este crecimiento debe leerse a la luz de una crisis sanitaria sin precedentes. Subrayan que, a diferencia de crisis anteriores, se mantuvo la estabilidad macroeconómica, no se contrató deuda externa excesiva y se priorizó el consumo interno a través de programas sociales, lo cual evitó un colapso mayor.
El PIB per cápita: El reto del bienestar individual
Uno de los datos más sensibles para el análisis es el retroceso del 0.5% en el PIB por habitante respecto al cierre de 2018. Esto implica que, aunque la economía en su conjunto es más grande que hace siete años, el crecimiento de la población ha superado el ritmo de la expansión económica.
Desde el punto de vista analítico, el estancamiento del PIB per cápita sugiere que el nivel de ingresos promedio de los mexicanos no ha logrado recuperar los niveles previos a la pandemia en términos reales. Esto plantea un desafío inmediato para la administración actual: cómo transitar de una política de transferencias directas a una de crecimiento económico acelerado que eleve la productividad y el ingreso por persona.
Factores de Riesgo y Oportunidades
Hacia el futuro, el análisis económico identifica puntos clave que definirán si el crecimiento puede despegar en la segunda mitad de la década:
Nearshoring: El aprovechamiento de la relocalización de cadenas de suministro sigue siendo la mayor oportunidad. Sin embargo, requiere certidumbre energética y mejoras en seguridad.
Consumo Interno: Ha sido el motor de la economía gracias al aumento del salario mínimo y el flujo de remesas, pero muestra signos de agotamiento frente a la inflación persistente.
Política Fiscal: Con un crecimiento del 0.5% en 2025, el margen de maniobra para el gasto público se estrecha, obligando a una revisión de la eficiencia recaudatoria.
Conclusión
Las cifras del INEGI para 2025 consolidan un periodo de crecimiento moderado y estabilidad macroeconómica, pero también de estancamiento en indicadores de bienestar individual. Mientras que la narrativa oficial destaca la recuperación tras la pandemia, los indicadores técnicos subrayan la necesidad de reformas estructurales que permitan romper la inercia del bajo crecimiento acumulado. El reto para los años venideros será transformar la estabilidad en una expansión económica que sea percibida directamente en el bolsillo de los ciudadanos.






































