¡Órale, compas! En la Cuarta Transformación, el «funcionario ejemplar» no necesita currículum impecable ni resultados que valgan un carajo. Basta con lealtad ciega, como esos perros que no sueltan el hueso ni a balazos. Indolencia sin bronca, porque ¿para qué castigar si el jefe te quiere? Y denuncias de corrupción que se evaporan como humo de mota en el viento, sin que nadie rinda cuentas. ¡Ni modo, eso es el sello de la 4T! Y el ejemplo fresco, fresquito, es Francisco Garduño, el exjefe del INM que ahora aterriza en la SEP como director de Centros de Formación para el Trabajo.
Garduño, ese cuate que andaba en el ojo del huracán por el incendio en Ciudad Juárez, donde 40 migrantes se quemaron vivos en 2023. Imputado por ejercicio ilícito del servicio público, con acusaciones de abusos y negligencia que olían a podrido. Pero ¡zas!, Sheinbaum lo defiende: «No es un perfil cualquiera», dice la jefa. Claro, lealtad pura al AMLO, que lo protegió como gallina a sus pollitos. ONG gritan impunidad, opositores chillan «¡basurero de la política!», y Morena recicla fracasos como si fueran botellas de refresco. ¿Recuerdan a Cuauhtémoc Blanco o los Yunes? Mismo rollo: corrupción denunciada, cargos nuevos, y adiós rendición de cuentas.
Es el patrón, carnales: lealtad sin capacidad, porque ¿quién necesita expertise cuando hay palmaditas en la espalda? Indolencia que pasa como agua de mayo, sin que el pueblo vea justicia. Y en 2027, cuando vayan a las urnas, la ciudadanía podría cobrar la factura. Morena, que se jacta de «no robar, no mentir, no traicionar», podría ver cómo sus «ejemplares» les pasan la cuenta: votos perdidos por tanto reciclaje de impunes. ¿Se acuerdan del «ni un paso atrás»? Pues parece que sí, pero en reversa.
Al final, esto no es chiste, es realidad que hiede. La 4T promete transformación, pero con estos «nonsanctos» parece más bien una telenovela de impunidad. Ciudadanos, ¡despierten! En las urnas se cobra, o seguimos con el mismo circo.





































