El fenómeno de las desapariciones forzadas en México es una tragedia persistente y dolorosa que ha marcado la historia reciente del país. En medio de este panorama, el gobierno federal ha implementado una nueva metodología para la contabilidad de las desapariciones, una medida que ha generado controversia y ha sido recibida con escepticismo por diversos sectores de la sociedad.
Si bien el objetivo declarado de este cambio es mejorar la precisión y confiabilidad de los datos, críticos argumentan que la nueva metodología podría estar diseñada para maquillar las cifras y minimizar la gravedad del problema. Esta sospecha se ve alimentada por el contexto político en el que se produce el cambio, con el gobierno federal buscando demostrar una reducción en los índices de criminalidad como parte de su discurso de seguridad.
Los colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, conformados principalmente por familiares de las víctimas, han expresado su preocupación por las implicaciones de la nueva metodología. Señalan que la falta de transparencia en el proceso y la exclusión de ciertos casos de la contabilidad oficial podrían invisibilizar a miles de personas que siguen desaparecidas.
Además, la falta de voluntad política para abordar el problema de las desapariciones de manera integral es otro factor que contribuye a la desconfianza en las cifras oficiales. Los colectivos de búsqueda denuncian la impunidad que rodea a estos crímenes y la falta de recursos destinados a la búsqueda e identificación de las víctimas.
En este contexto, la nueva metodología para la contabilidad de las desapariciones corre el riesgo de convertirse en una herramienta política para manipular la percepción pública sobre la situación de seguridad en el país. Es fundamental que el gobierno federal garantice la transparencia y la participación de los colectivos de búsqueda en el proceso de contabilidad, y que se implementen medidas efectivas para abordar el problema de las desapariciones de manera integral.
La contabilidad de las desapariciones no debe ser un simple ejercicio estadístico, sino una herramienta para la justicia y la verdad. Detrás de cada cifra hay una historia, una familia que sigue esperando respuestas y un país que sigue lidiando con las cicatrices de la desaparición forzada.






































